Enlace 1.- : Discernimiento vocacional
Consultando hoy unas cuestiones en la red, me he encontrado con este documento sobre discernimiento vocacional y os lo envío por si juzgáis oportuno publicarlo.
Si algún joven lee este artículo y se siente interpelado, puede acudir a su parroquia o a la de la Asunción de Albacete, y encontrará ayuda para ir esclareciendo su vocación.
Página de 2.- : Esta web también es tuya
Esta web también es tuya. ¡Es de todos! Hace más de un año un grupo de personas, en especial algunos jóvenes, pusimos mucho empeño y dedicación en editar una página web de la Parroquia de la Asunción. En aquel entonces la página era mucho más sencilla y contenía principalmente cuestiones de información, de formación, etc. ¡Tenía una sola dirección! De nosotros a quien la leía. Después de varios meses de esfuerzo y trabajo, en septiembre de 2006, ha salido a la luz esta nueva página web de la parroquia. Es más atractiva y más dinámica. Y sobre todo, tiene algo que nos interesaba mucho: que fuera un poco de todos; de todos los que deseaseis conectaros y participar en ella. Hay muchas formas de participar, pero vamos a hablaros de algunas: 1) Enviando artículos a nuestra dirección de correo electrónico. Vuestros artículos, después de leerlos el equipo de coordinadores, lo pondrían en el apartado que se viera más apropiado: p.e. noticias, para crecer en fe y en esperanza,… o sencillamente en el rincón del usuario. El equipo nos reunimos dos veces al mes y solemos colgar las cosas en la página una o dos veces al mes ( normalmente el último sábado de mes). 2) Responsabilizándoos un poco más. Se trataría de encargaros habitualmente de escribir algo, para publicarlo en el apartado de “jugando a periodistas”. 3) Registrandoos y escribiendo en el foro. Esta opción nos interesa mucho y te invitamos a que, en cuanto termines de leer este artículo, te registres. En el foro puedes escribir artículos de todo tipo ( en las normas aparecen todos los detalles) y algo muy útil: puedes plantear cuestiones o responder a cuestiones que planteen otros. Esto, en concreto a la parroquia, le interesa mucho. En el Consejo de Pastoral de la parroquia solemos hablar de cómo hacer las cosas para que la parroquia pueda responder mejor a las necesidades de la gente del barrio y a la misión que tenemos encomendada. Pero si cuestiones de este tipo, las planteamos en el foro y muchos de vosotros, que no estáis en el Consejo de Pastoral, respondéis a través del foro, nos hacéis un gran favor a nosotros y a toda la parroquia. Esta opción tiene la ventaja de que no hay que esperar a que se reúna el equipo responsable, sino que vosotros mismos colocáis vuestra aportación en la red, inmediatamente. En fin, os invitamos a participar, a enviarnos vuestros artículos y a registraros ya en el foro. Los jóvenes sabéis hacer esto con mucha facilidad. A los que somos ya un poco más entrados en años, nos costará tres o cuatro intentos, hasta que consigamos registrarnos. Y nos dará un poco de reparo escribir algo, pero cuando lo hayamos hecho tres o cuatro veces, nos resultará fácil y hasta divertido. Bueno, pues esto es todo. A ver si dentro de una semana o poco más, se nota vuestra participación, tu participación.
Página de : 3.-: Un Cuento:
Reserva tiempo
Página de 5.-: Convivencia en Ayna para jóvenes
La Parroquia, y en concreto los jóvenes, estamos organizando una convivencia en Ayna, un fin de semana. Está dirigida para los chicos y chicas de los grupos de confirmación ( 3º y 4º de la ESO) y para los jóvenes mayores. Se realizará los días
27, 28 y 29 de Octubre.
Página de 6.-: Entre los pucheros anda Dios
( Reflexiones, desde la fe, de una mujer creyente, esposa y madre de familia) En este apartado iremos poniendo algunas reflexiones en clave de fe, de oración, que una persona mayor hace a partir de cualquier acontecimiento o hecho normal de la vida.
“La Presencia de Dios en mi vida” Sin Él no puedo vivir… y tengo que hablarle de mis cosas, de mis preocupaciones, de mis fallos y de mis alegrías, de las necesidades de los que me rodean, de mis dolores y de mis pruebas y de todo lo que me pasa. Lo veo en todas partes, y le pido que me dé los “dones de su Espíritu”… Contemplo la Naturaleza, y todo me habla de Él… Miro la altura de esas montañas nevadas y veo en ellas un “Templo de Dios”, que me dice: “Soy la Obra de sus Manos, contémplame y aunque pises en la Tierra, no dejes de mirar al Cielo…” Miro a la Tierra y no dejo de pensar en Él… y lo sigo viendo en todo… Noto su presencia en mi vida y en todo lo que me sucede… Abro mis ojos al despertar y me pongo en sus manos: Señor, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias… por el nuevo día, por la lluvia que cae en los campos, por el Sol que ilumina y calienta, por las flores que adornan las calles y los frutos que dan nuestras tierras… Gracias, Señor, por el Pan que nos das cada día y por las personas que consagran su vida en toda la tierra… Podemos seguir en oración durante el día diciendo “Amén” a todo conforme vaya viniendo, y, al llegar la noche y antes de cerrar los ojos, pedirle Perdón a Dios con cariño y darle Gracias por su Misericordia. Si algún día me olvidare de Ti, Señor, Tú no te olvides de mí y llámame como buen Padre; ábreme tus brazos con el tierno gesto de tus “manos en mis espaldas” y dime: “Ven a hablar conmigo, pues te quiero tanto, que no sé estar sin ti”. Y, ese día, me arrojaría a tus pies como el hijo pródigo, y volvería otra vez a verte en toda la “Obra de tus manos”… Y ahora me pregunto: “¿Podríamos llamarle Oración a esta continua Presencia de Dios en nuestras vidas y en todo lo que nos rodea?...” “Ven Espíritu de Dios” Quiero hacer tu voluntad, querer lo que Tú quieras, y caminar por donde Tú me digas. Andar y seguir tu huella Señor por donde Tú me marques, por donde Tú vayas… Quiero Señor verte en todas las cosas de mi vida y hacerte partícipe de todo; darte cuenta de los acontecimientos, de mis dudas, de mis problemas, de mis fracasos y de mis decisiones... Antes de obrar y resolver, hablar contigo; que Tú me inspires y me ayudes a cumplir tu voluntad, Señor, la tuya y no la mía. Y déjame oír tu Voz. Lléname de tu espíritu, abre mis oídos y mueve mi corazón para hacer tu deseo: lo que tú veas que más me conviene. Dímelo Señor. Seguiré por donde Tú quieras. Ilumíname y dame “Sabiduría” para cumplir tu voluntad y sencillez para “Entenderla”. Dame la “Fortaleza” que necesite para llevarla a cabo y la “Ciencia” para conocerte mejor cada día… También, Señor, dame el don de “Consejo” para emplear las palabras adecuadas cuando mis hijos y hermanos me lo pidan. Dame, Señor, el don de “Piedad” para emplear con los demás la misma misericordia que Tú has tenido conmigo. Y, por último, el don de “Temor de Dios”, que yo sé, Dios mío, que Tú me vas a llevar siempre en tus brazos para que nunca te deje de amar y jamás experimente el temor donde está el Amor… Veo, Señor, que estás en todo y te interesas por nosotros; que haces cosas grandes y nos iluminas y ayudas en nuestras vidas y nos das tus dones. Lo sé muy bien porque lo he experimentado y además puedo asegurar tu enorme “Amor”. Nos hace mucha falta en cada momento, y lo teníamos que ver en cada una de las decisiones que tomáramos en nuestras vidas. Pero Él también es Amor Infinito, quiere vivir con nosotros, dentro de nosotros y para nosotros. Su convivencia nos trae la Paz, esa paz que tanto ansiamos y que la poseen los hombres de “buena voluntad”: los que ven en todo a Dios, los sencillos y misericordiosos, los que ayudan a los demás, los que consuelan a su hermano, y los que rezan y consagran su vida por amor a Dios y a los hombres.
“El Amén de cada día”
Esta corta y sencilla palabra tiene uno de los significados más profundos que puede haber: “Aceptación total y continua de la Voluntad de Dios”… Esta criatura que se pone en sus manos, se entrega por completo a Él, sabe que lo ama y se fía de todo lo que le haga. Lo ve en todo y nunca le pregunta por qué. Ve todo Providencial y, además, ese abandono le produce una gran paz. Obra siempre en su presencia lo mejor que ella sabe y puede, pero está segura en sus manos… La persona está feliz, se siente feliz, porque sabe que el resultado de las cosas depende de Dios. Ella hace lo que puede, aunque sabe que sus fuerzas son limitadas. Por eso se ha puesto en sus manos con ese amor y confianza de las almas sencillas. Su alegría la transmite a los demás. Es amable y escucha a todos, contagiando su paz a los que lo rodean y dando un poco de luz al que anda en tinieblas. Todo lo acepta con agrado. Le gusten o no las incomprensiones de los demás, las frases ásperas, la salud y la enfermedad, el triunfo y el fracaso… Sin embargo hay en todo ello un factor común: Al Dios, al que ve continuamente y en el que pone toda su Confianza y Amor y al que le dijo “Amén” al amanecer, se lo volverá a decir a la caída de la tarde. Entonces saldrá a recibirlo el Hijo de Dios, diciéndole: “Ven, bendito de mi Padre, porque aceptaste su voluntad en todos los momentos de tu vida.”
“María, madre de Dios y madre nuestra”
Cuando Dios por amor quiso perdonarnos, envió a su Hijo, y, al mismo tiempo, que la Naturaleza Divina se uniera a la humana. Pensó en la Encarnación y en una madre: María, que a la vez es Madre de Dios y también Madre nuestra . Y fue en la persona de Juan y al pie de la Cruz cuando nos entregó a su Madre al decirle “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Hijo, ahí tienes a tu Madre…” Pero fijaos cómo actuó María… No sólo pensó, enseguida aceptó y contestó con una sola palabra, que trajo al mundo al Salvador: “Hágase…” Aceptó también de antemano el dolor de su Hijo, su Crucifixión y su muerte, por lo cual se convirtió también en “Colaboradora del Señor en la Redención”. Dios nos quiso dar una Madre a la que acudiéramos continuamente, que siempre nos librara de todos los peligros: que pudiéramos hablar con Ella, contarle nuestras cosas y que fuera nuestra intercesora ante Dios. Que experimentáramos su ternura y que nos llevara en sus brazos todos los días de nuestra vida. Además, como es Madre de todos, quiere que nos sintamos hermanos, que nos queramos, que nos ayudemos, que no nos hagamos sufrir los unos a los otros y que juntos, marchemos en la vida, ayudándonos y formando un Mundo Feliz, lleno de Paz y Armonía, en el que caminemos todos unidos con nuestra Madre, intentando hacerlo lo más parecido posible al de “Arriba”. “Éste que, de momento, se nos has dado en la Tierra”. “Haz de mí, Señor, un instrumento de tu Paz”
Con esta profunda frase comienza ese canto que todos hemos entonado en la Iglesia, y que es verdaderamente emocionante y profundo, lleno de espiritualidad y sencillez como era San Francisco de Asís. ¡Cuántas ocasiones se nos presentan al día, en las que podríamos ser instrumentos de “Paz”!: escuchando simplemente al que se encuentra enfermo y te hace partícipe de su dolor; acompañando al anciano que se encuentra en soledad; poniendo amor donde encuentres odio y dando el perdón cuando te hayan ofendido; llevando la unión donde esté la discordia, cortando suavemente las críticas, diciendo lo bueno de la persona ausente. También podemos ser instrumentos de paz allí donde veamos desesperación, poniendo esperanza, interesándonos por sus problemas e intentando ayudarles. Y también podemos ver a Dios en el trabajo, cumpliendo con nuestro deber, y creando un clima de seriedad y respeto entre los compañeros. Pero es en la familia donde empezamos a aprender a ser instrumentos de paz, viendo cómo se aman nuestros padres y cómo nos aman a nosotros, enseñándonos a compartir y a querernos, condiciones esenciales para una buena armonía entre los hermanos. Y fue en aquella sencilla familia de Nazaret donde nació Jesús para poder después entregar su Vida en la Cruz, donde nos trajo el mejor mensaje de Amor y de Paz, que puede ofrecer un hombre: “Su propia Vida”.
“Por el teléfono también nos habla Dios”
Dios ha dotado al hombre de inteligencia, que, bien usada y al servicio de la humanidad, puede relacionar a unos hombres con otros, construyendo vías de comunicación, como por ejemplo: el teléfono, que ha sido y es uno de los aparatos más usados por hombre, y que ayuda, en muchas ocasiones, a romper la soledad y el alejamiento que sufren algunas personas, sobre todo: ancianos, enfermos, incapacitados, deprimidos, etc. Y puede hablarnos Dios cuando, pensando en Él, lo vemos en todas estas angustiadas personas, que son hermanos nuestros. Y es precisamente Tu Voz la que suena en nuestro interior cuando conectamos con ellos, por medio de ese aparato llamado teléfono y les decimos: no estáis solos, Dios os ve y está con vosotros y nosotros también. Háblame, que te escucho y desahógate; dime cómo te encuentras y sal de tu soledad. ¿Qué quieres de mí? ¿Voy a verte? Y es dentro de esa soledad cuando le habla Dios, por medio de esa persona y a través del teléfono; cuando sonó el timbre y la despertó de su letargo y vio que no estaba sola, y que, en cualquier momento que la necesitara, marcara su número de teléfono, e iría en seguida. ¡Cuantas situaciones angustiosas hay que, por la ausencia de seres queridos o por otras muchas causas, han sido atendidas con una verdadera caridad por personas generosas que, a través del teléfono, transmitieron un mensaje de Paz y de Esperanza!
“Hijo: ahí tienes a tu Madre”…
María, al pie de la Cruz y junto a su hijo, en los momentos más dolorosos de su vida, oyó la voz que le decía: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Hijo, ahí tienes a tu Madre”… Jesús, además de ser Dios, sintiendo un gran amor y ternura hacia la que aceptó sin vacilar su maternidad, no quiso dejarla sola, y le dejó a su discípulo, para que la colmara de cariño y atenciones. Y Juan, como un buen hijo, cuidó de ella, con amor y delicadeza propia de él. Recordaban su vida, sus palabras y sus intervenciones, curando enfermos y dando el perdón a los que lo ofendían. Lo tenían siempre en su corazón, ayudándose siempre el uno al otro. La figura de María ha conmovido al mundo entero, llenándolo de Amor con su ternura; de Fe, con su continua intercesión ante el Padre para obtener bienes a sus hijos; llenándolo de Esperanza, porque es “Ancora de Salvación” para los que vamos navegando por el mar de la vida. Vemos también en la figura de Juan muchos hijos buenos que lo han imitado y que han intentado ser alivio y ayuda al dolor de la madre. Debemos dar gracias a Dios y a todos los hijos, que, con su amor y sacrificio, hacen alegre la vida de los padres, ayudándoles a seguir sonriendo al atardecer de la vida.
“Déjate amar por Dios”
Señor esta tarde, haciendo un poquito de Oración en un libro que Tú has hecho llegar a mis manos, he sentido una gran Paz. Todo me hablaba de Ti y estaba todo envuelto en un clima de Amor. No podía cortar, entendía que no me abandonaría nunca y que me quería como el Padre lo quería a Él. También he entendido, Señor, que buscas personas que se abandonen en Ti, reconociendo que tu Perdón no depende de la perfección con que lo hayamos pedido, sino de la aceptación de “nuestra pequeñez” y de la “entrega total” en tus manos, con una confianza plena en tu Misericordia. También he entendido, Señor, que me abandono en ti y reconozco mi debilidad depositando toda mi confianza en Ti. Tú sabes, Señor, lo que me conviene. Tú también has sido el primero en amar, me has buscado, y yo, Señor, me pongo en tus manos y oigo tu Voz que me dice: “Fíate de Mí…” Señor, gracias por haber “llamado a mi puerta” esta tarde y haberme mostrado lo mucho que me quieres. Yo te pido, Dios mío, que siga oyendo siempre tu voz, y suene en mis oídos el “eco de tu llamada”.
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