Rincón de formación

 


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Poco a poco iremos completando y cambiando el contenido de estos enlaces

 Los enlaces que  aparecen a continuación están clasificados en varios grupos : (PINCHANDO EN EL NÚMERO QUE APARECE AL LADO DE CADA UNO, TE VAS A ESA SECCIÓN).

 
  • 1.-  Para iniciarnos a la lectura de la BIBLIA
  • 2.-  El mundo de los Evangelios.
  • 3.- Los Hechos de los Apóstoles.
  • 4.- Conocer a Cristo
  • 5.-  Evangelios Sinópticos: cuadro comparativo.
  • 6.-  Testimonios evangélicos.
  • 7.-   Mi Cristo roto
  • 8.-  ¿Cuál será mi Vocación?
 

Enlace 1.- :   Para iniciarnos a la lectura de la BIBLIA

 

Dios nos habla a través de la vida. Allí está su palabra y para comprenderla acudimos a la experiencia de otros creyentes anteriores a nosotros.

Esta experiencia de creyentes a la búsqueda del Dios que habla en la vida la encontramos en la Biblia.

Este conjunto de libros que llamamos Biblia está entretejido por las experiencias personales y comunitarias de un pueblo concreto, el judío, a lo largo de más de mil años. Por eso refleja la evolución y mentalidad típicas de un periodo tan amplio y tan distante en el tiempo.

En la Biblia están tratados todos los problemas profundos que atañen al ser humano. Por eso, acudir a él y hacerlo con los instrumentos adecuados para su comprensión, se revela como una tarea fundamental para el creyente

Durante muchos siglos la Biblia ha sido un libro lejano, por no decir casi desconocido, para casi todos los cristianos. Hasta hace no demasiados años, incluso la lectura que se proclamaba de la misma en la Eucaristía se proclamaba en latín, lo que hacía incomprensible los pocos espacios que el fiel cristiano disponía para escuchar la Palabra. Resulta paradójico cómo siendo uno de los pilares fundamentales de la nuestra fe, la mayor parte de los creyentes anteriores a nosotros jamás la han tenido entre sus manos. Nadie tampoco la echaba de menos, puesto que la palabra sagrada tenía otras muchas formas (aunque eso sí, indirectas) de llegar al pueblo fiel

Afortunadamente el panorama ha cambiado en el último medio siglo. Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia ha intentado toda una “recuperación” de la Biblia para los creyentes. La primera fuente de conocimiento ha sido la proclamación de las lecturas en la lengua vernácula durante la eucaristía. Por otra parte, distintos cursos, manuales, encuentros, etc. han intentado hacer que sea un libro familiar entre nosotros. Ciertamente hemos superado esa distancia de otros siglos, pero en nuestra tarea de catequistas más de una vez tenemos la sensación de que no manejamos y comprendemos la Biblia como desearíamos en aras de una mejor exposición del misterio cristiano. Varios son los indicios que nos hacen llegar a esa conclusión:

q       Lo más conocido de la Biblia para nosotros es la vida y palabra de Jesús recogida en los evangelios. Del resto del Nuevo Testamento (Hechos, Cartas y Apocalipsis) apenas tenemos en la memoria unos cuantos episodios.

q       Fuera de unos cuantos relatos muy célebres, el Antiguo Testamento sigue siendo el gran desconocido para nosotros. La mayoría de las veces que lo escuchamos en la Misa apenas entendemos nada.

q       En uno como en otro Testamento, muchos textos apenas nos dicen nada.. Unas veces no sabemos muy bien lo que dicen y por qué lo dicen. Otros nos presentan unos episodios que, al no conocer el contexto, nos dejan indiferentes. Y no faltan aquellos pasajes en los que se nos presenta a un Dios totalmente distinto a cómo nos enseñó Jesús.

q       También encontramos a veces ideas bíblicas que parecen entrar en conflicto con la mentalidad científica actual, de tal manera que nos dejan la impresión de que creer en lo que dice la Biblia sería negar lo que la ciencia ha demostrado desde hace siglos.

q       A lo cual hay que añadir el cada vez menor hábito de leer. No es sólo que no leamos la Biblia: es que apenas leemos nada. Nuestra cultura nos acostumbra más a la imagen que a la palabra y si no tenemos un hábito de leer será difícil que cojamos en nuestra manos un libro como éste.

Todo ello ha llevado a afirmar que aunque la Biblia es un libro “popular”, sigue siendo bastante desconocido entre nosotros. Como catequistas nos urge una mejor comprensión de lo que sus textos nos dicen, En sucesivos temas intentaremos ayudarte en ello. Pero quisiéramos empezar por una cuestión previa: ¿Qué es la Biblia? En este tema intentaremos responder a esta pregunta. Para ello comenzaremos por el principio.

 
1.- DIOS HABLA A TRAVÉS DE LA VIDA 

1.1.- Distintas maneras de concebir a Dios en la antigüedad

Dios no es alguien evidente ni palpable, sino que pertenece a la esfera del Misterio. Eso significa, entre otras cosas, que no hay una única manera de concebirlo. La concepción que cada ser humano se hace de Dios está condicionada por su forma de ser, por su cultura, por la tradición que ha recibido, etc.  Además, incluso dentro de cada individuo, la imagen que se tiene de Dios evoluciona a lo largo de la vida. Podemos comparar nuestra manera de concebir a Dios con el de un latinoamericano que apenas tenga para subsistir o con un musulmán. Encontraríamos semejanzas, pero también diferencias. Si comparamos la manera de concebir a Dios entre una persona mayor y nosotros. Desde ahí podemos imaginar el cambio en la manera de pensar a Dios entre nosotros y los hombres y mujeres de hace 3000 años entre los que se fue escribiendo el libro que llamamos Biblia.

Podemos decir que en la antigüedad había muchas maneras de concebir a Dios, según las distintas culturas. Había algunas que identificaban la divinidad con las fuerzas naturales, otros con piezas de madera o barro, otros con un conjunto de personajes que vivían en un mundo lejano y que para nada influían  en la vida de los mortales. Pero entre todos estos pueblos hubo uno especial que alcanzó una concepción de Dios de una gran altura espiritual: un Dios invisible, que caminaba con ellos, que tenía relación con ellos. A ello contribuyó el hecho de ser un pueblo en su origen nómada, que iba con sus ganados de aquí para allá, con diversas tribus e historias familiares. Un pueblo nómada necesita también un Dios nómada, no identificado con estatuas o templos. Por supuesto, y eso lo diremos más de una vez, a esta manera de concebir a Dios no se llega en un día, ni por una manifestación espectacular de Dios que dice: aquí estoy yo y soy así. Se llega después de una larga búsqueda, de una suma de experiencias personales de profundos creyentes, de tanteos y fracasos, etc. Este pueblo es el que luego terminó llamándose Israel y que expresará su experiencia por escrito..

En esa manera singular de concebir a Dios que tenía este pequeño pueblo de nómadas hay algo esencial: los hechos de la vida no son neutros, no son hechos y ya está, sino que Dios, de algún modo está presente en ellos. Esta era su originalidad esencial. Sin negar otras presencias, Dios está en lo que nos pasa, como pueblo y como personas. Hoy para nosotros esto no supone nada que no sepamos y vivamos, pero en la conciencia religiosa de hace tres mil quinientos años suponía un gran avance espiritual con respecto a los pueblos circundantes

1.2.- Lo que humaniza, lo que libera en la historia como clave de comprensión.

Pero… ¿cómo estaba presente Dios en lo que pasaba? ¿cómo actuaba en los hechos de la vida? ¿cómo reconocer su presencia y su voluntad? El pueblo de Israel fue descubriendo una clave para encontrar a Dios en la vida: Dios busca la humanización, que lleguemos a ser auténticas personas: justicia, salud, alegría, vida, Aquellos acontecimientos o hechos que se encaminaban a hacernos más humanos y más justos estaban conducidos y animados por Dios. Por el contrario, la injusticia e inhumanidad era rebeldía del hombre contra Dios.

Por supuesto, lo que significaba “ser auténticas personas” fue evolucionando con el tiempo. La esclavitud, la pena de muerte, la ley del talión, la marginación de la mujer, la exclusión social de los pobres, etc. eran la moneda corriente entre las culturas antiguas. Israel no descubrió de la noche a la mañana que todas estas actitudes deshumanizaban al ser humano.

Todo ello fue llevando a este pueblo a una conclusión esencial: su historia como pueblo, la historia de la humanidad y la historia de cada individuo no son el resultado de las casualidades, del azar o de ciegos destinos, sino que la historia tiene un sentido, un final, una meta. Y ese sentido era Dios. El futuro no es un incierto destino sino que está en manos de Dios

En definitiva ésta era la fe original de este pueblo perdido de oriente medio: la historia tiene sentido porque una presencia misteriosa y poderosa la habita y la conduce hacia una plenitud de humanidad. A esa presencia misteriosa y personal la llamaron Dios.

1.3.-Hombres y mujeres con una sensibilidad especial para percibir esto y para comunicarlo a los demás.

De manera natural nos surge una pregunta: ¿cómo llegaron a esta imagen compartida? Ya hemos dicho que no fue una revelación puntual, sobrenatural, espectacular o definitiva, sino que esta experiencia de Dios se fue fraguando durante cientos de años a través de una búsqueda constante.

Las personas que nacen en una determinada tradición asumen esa imagen de Dios, la acogen, la hacen suya, a veces la ponen en crisis porque algo que pasa en sus vidas no entra en ese esquema, avanzan, descubren algo nuevo, etc.

A todo esto se suma la extraordinaria aportación de hombres y mujeres con una sensibilidad especial para percibir aspectos de Dios. Por sensibilidad, por historia, carácter, por las circunstancias que les ha tocado vivir, estos seres humanos son capaces de profundizar en la imagen de Dios que han recibido en su cultura. Estas percepciones nuevas de Dios las comunican a otros miembros del pueblo.  A veces esta comunicación no es asumida inmediatamente, pues chocará con la mentalidad dominante. Pero poco a poco irá cuajando en el pueblo hasta que va siendo aceptada. No estamos hablando de grandes experiencias sobrenaturales, milagrosas, sino de un percepción especial en las cosas naturales, de los hechos de la vida y de la historia.

Indudablemente, también las sensibilidades religiosas de otros pueblos que rodean a Israel (asirios, egipcios, babilonios, griegos, etc.) también irán influyendo en esta conciencia religiosa colectiva.

Todo esto durante generaciones a través de siglos y miles de avatares: es la historia del ser humano buscando a Dios y Dios buscando al ser humano. Dios respetando la forma de ser humano, sin hacer nada extraordinario que se salga de las leyes de la naturaleza. El ser humano tratando de ver en esa naturaleza humana y en el acontecer histórico más en profundo.

1.4 .-Los tanteos, las crisis, la provisionalidad.

Por supuesto que todo esto supone lo que llamamos un proceso gradual. Igual que en nosotros mismos experimentamos un crecimiento en la concepción de Dios, este pueblo fue creciendo y aprendiendo poco a poco cómo era este Dios. Por ejemplo, del Dios terrible castigador al Dios amor acogedor; del Dios al lado de otros dioses; al Dios único, del Dios que premia y castiga según los méritos del ser humano al Dios como fuerza para hacer el bien y evitar el mal; del Dios incapaz ante la muerte del ser humano al Dios que resucita.

Todo esto supone que muchas de las imágenes que se tienen de Dios sean provisionales, lo eran entonces y lo siguen siendo porque seguimos buscando a Dios sin llegar a alcanzarlo. Y esto es así por algo que acabamos de decir: Dios respeta el ritmo de los hombres y mujeres que se ponen a buscarlo: él no manifiesta a la humanidad de un modo puntual, milagroso y definitivo cómo es, sino que alienta la búsqueda del todo ser humano que se pregunta por él. 

1.5.- La transmisión oral y escrita.

Esta manera de entender la fe necesita transmitirse de unos a otros, de unas generaciones a otras. Tiene que ser contada, transmitida. Si Dios respeta los procesos humanos y no interviene directamente para decirnos quién es, la única manera que tenemos de transmitir la fe es contarla.

Por todo lo que llevamos dicho, entenderemos que el pueblo de Israel no sabe contar su fe a otros de un modo teórico. Si ha descubierto a Dios en los hechos, en la historia, en la vida, no dirá “Dios es de esta manera”, sino “ha ocurrido esto y he dado cuenta de que Dios es de esta manera”. No contarán una teoría sobre el Dios del bien y el mal, sino contarán historias personales, leyendas míticas, o hechos históricos donde se enfrentan el bien y el mal para mostrarnos cómo Dios está actuando en todo ello.

Para todo ello irán elaborando poco a poco historias, relatos, oraciones, leyendas, etc. con el fin de transmitir la experiencia de Dios que tiene este pueblo. Estas tradiciones tienen como protagonistas principales a estos hombres y mujeres que por su sensibilidad han sabido captar mejor la presencia de Dios en determinados acontecimientos. Unas veces serán autores, otras protagonistas y serán otros más hábiles con la palabra los que se encarguen de contarlo. Esas figuras principales con su sensibilidad especial no son lo únicos que tienen la experiencia de Dios de la historia: ellos recogen una experiencia religiosa que está en el pueblo y, a la vez, actuarán de fermento de la misma.

Con todas estas historias, palabras, percepciones, oraciones, etc. se va elaborando todo un conjunto armónico, un patrimonio común que expresa la conciencia religiosa del pueblo. Como es normal, no todo es de la misma época; se van mezclando las historias de unas tribus con otras, se van añadiendo, corrigiendo y poco a poco se irá poniendo por escrito.

La misma historia y vida de este puebla irá haciendo una selección de estas leyendas orales y escritas. En la medida que ayuden a reconocer a ese Dios, se irán asumiendo mejor, uniformando, armonizando unas con otras, añadiendo cosas nuevas a lo escrito años atrás, etc. Este conjunto de escritos que recogen la experiencia de este pueblo es a lo que llamamos Biblia.

Y una cosa muy importante: este pueblo del que venimos hablando no es nadie extraño: es nuestro pueblo. Sólo sintiéndolo así podremos vivir sus tanteos y búsqueda como la nuestra propia.

 

2.- LA HISTORIA COMO SALVACIÓN

2.1 .-Predominio de la historia.

Dicho todo lo anterior entenderemos algo que es fundamental: La Palabra de Dios no son los escritos, sino los hechos. La Palabra de Dios está en la vida de cada día. Por poner un ejemplo, la auténtica palabra de Dios fue la liberación de Egipto, y no el relato que nos la cuenta. El relato nos ayuda a identificar la palabra de Dios allí donde se da cualquier lucha por la liberación: así escucharemos la Palabra de Dios en los obreros europeos del siglo XIX, en los afroamericanos defendiendo sus derechos, en las mujeres pidiendo la igualdad, en los campesinos sin tierra de América Latina, etc… En todo ello escuchamos la Palabra de Dios. Lo que hace el relato bíblico del Éxodo es ayudarnos a tomar conciencia de esta palabra que está en la vida.

Y hay que añadir algo: en la tradición judeocristiana predomina la historia global sobre la experiencia personal. Es la historia humana donde hay que descubrir a Dios y su voluntad. Lo individual se pone en función de lo social. No importa tanto el destino personal cuanto el de toda la humanidad. Por eso, es en esa historia global donde más fácil resultará al pueblo de Israel encontrar a Dios.

2.2.- La historia tiene un sentido, mira hacia delante.

Decíamos antes que este pueblo, nuestro pueblo, percibe que la historia no es un cúmulo de casualidades que no sabe a dónde va. El misterio Dios la guía desde dentro y la lleva a su plenitud, hacia un final de humanización para todos. A este destino de la historia feliz le llamamos salvación.

Por eso decimos que la historia humana, no la nuestra en particular, no determinados hechos sí y otros no, sino toda la historia va siendo conducida por Dios hacia la salvación. Por eso es llamada historia de la salvación

Todo ello no excluye lo individual  ni las experiencias personales. sino que lo pone en función de esta historia. No hay salvación particular, sino salvación personal en un proyecto salvador de toda la humanidad

Eso podríamos decir que es la Biblia: una historia para comprender y vivir nuestra historia (la de este principio del siglo XXI, en esta tierra de Albacete,  que es la que nos ha tocado vivir y no otra) como historia de Salvación.

2.3.- La historia que narra la Biblia.

Conviene llegados a este punto hacer un resumen de la historia de este pueblo del que nos consideramos parte para podernos situar mínimamente. Marcamos aquí los hitos fundamentales de esta historia:

q       Hacia el año 1850 a.C.: Dios llama a Abrahán para que salga de su tierra. Le hizo la promesa de convertirlo en el padre de un gran pueblo Sus descendientes fueron Isaac y Jacob, los grandes patriarcas. Jacob tuvo doce hijos, entre los que sobresalió José. En esta época no existía todavía Israel como pueblo, sino que se trata de tribus nómadas que viajaban con sus ganados de un lado para otro. Estas tribus terminaron todas yéndose hacia Egipto, la gran potencia económica y cultural de la época.

q       Hacia el año 1250 a.C.: El pueblo de Israel sale de la esclavitud de Egipto guiado por un líder llamado Moisés. La liberación se completó con la Alianza del Sinaí, donde el pueblo escoge a Yavé como Dios y éste, a cambio, se compromete a darles una tierra y a protegerlos. Esa tierra es lo que hoy llamamos Palestina. El pueblo se asentó en ella después de conquistársela a los Cananeos. El primer sistema de gobierno que tuvieron en la recién adquirida tierra fueron los jueces: Israel sólo tenía un rey y un legislador: Yavé. Los jueces se encargarían de aplicar la Ley que Dios les había dado.

q       Hacia el año 1000 a. C.: Israel, por influencia de los pueblos circundantes, se decide por un sistema monárquico. El primer rey fue Saúl, al que sucedió el monarca más grande y recordado de su historia: David. Con él, Israel conoció su máximo esplendor cultural y militar, y el pueblo tomó conciencia de ser un reino protegido por Dios y fuerte ante las naciones enemigas. Este esplendor duró poco: tras la muerte de Salomón, el hijo de David, el reino se dividió en dos: el del Norte (Israel) y el del Sur (Judá), que muy pronto se convirtieron en vasallos de las nuevas potencias de la zona: Asiria y Egipto.

q       Hacia el año 587 a.C. : Jerusalén, la capital del reino del Sur es destruida y los judíos son llevados al destierro de Babilonia. El reino del Norte ya había sido arrasado por los asirios en el año 721. A causa de todo ello, el pueblo se había quedado sin rey, sin templo, sin tierra. Eran de nuevo esclavos en una potencia extranjera. La dispersión (la diáspora) fue total. Muchos judíos se acomodaron a la nueva situación en los países extranjeros y terminaron mezclándose entre ellos. Pero un resto pequeño permaneció fiel en este destierro hasta que se les permitió volver a su antigua tierra y reconstruir el Templo. Pero ya nunca tuvieron ni la sombra de su antiguo poder. Siguieron siendo vasallos de otros reinos y a merced de sus caprichos militares. En estas circunstancias fueron los profetas los que conservaron la esperanza del pueblo. Se fragua la esperanza mesiánica: el ungido de Dios que liberará definitivamente a Israel de su situación de opresión. Para unos será un rey; otros piensan más bien en un sacerdote o profeta

q       Hacia el 333 a. C.: Alejandro Magno conquistó la tierra de Israel e impone la lengua y la cultura griegas sobre aquella tierra. Ello supuso una nueva amenaza a las tradiciones propias. Muchos trataron de conservar la pureza de la fe judía; otros intentaron una síntesis con la nueva cultura. Los enfrentamientos llegaron a numerosas guerras civiles que llegan hasta la época del cambio de era, donde bajo el reinado de Herodes se vive una relativa paz y unidad política, aunque eso sí: sometidos bajo el yugo del Imperio Romano. La unidad política no esconde la pluralidad de formas a la hora de vivir el judaísmo: fariseos, escribas, saduceos, esenios, etc.

q       Hacia el 30 d. C.: Jesús de Nazaret, después de unos años de actividad profética en Galilea, Samaría y Judea, en los que predicó y anunció la renovación de la fe de Israel,  es ajusticiado en Jerusalén por las autoridades romanas. Sus discípulos proclaman que ha resucitado y lo confiesan como el Mesías que estaba esperando Israel. Su predicación traspasará las fronteras judías y  al terminar este primer siglo de nuestra era estará extendido por oriente y occidente.

2.4.- Dos acontecimientos fundamentales.

En esta la Biblia nos subraya muchos acontecimientos, pero hay dos que resaltan por encima de todos los demás:

1)      Liberación de Egipto: es el momento en que empezó a ser pueblo Israel. La gesta liberadora guiada por Moisés fue lo que constituyó este puñado de hombres y mujeres en un pueblo.

2)      La muerte y resurrección de Jesús de Nazaret: el profeta de Galilea enviado por Dios y asesinado en la cruz está vivo.

Por supuesto no son los únicos acontecimientos salvadores, sino que ayudan a interpretar todos los demás que había tenido el pueblo. Son como unos imanes que atraen a todas las demás historias de la Biblia hacia ellos

En el primero, el pueblo tiene conciencia de que Dios escucha el clamor del pueblo que sufre y quiere formar una sociedad nueva donde no haya injusticia. En muchos de los acontecimientos que el pueblo de Israel vivirá  después seguirá diciendo: Dios quiere la libertad para todos y la conseguirá. Muchas cosas que nos pasan son por no haber sido fieles. Y las historias anteriores a ese acontecimiento se entenderán como preparación y anticipo de este gran acontecimiento

En el segundo, la experiencia de que sigue vivo el Maestro de Nazaret, les hará recordar sus hechos y palabras para darse cuenta de que Dios ha intervenido de un modo definitivo: en Jesús ya ha llegado ese final feliz que es la salvación, se nos ha adelantado y nos ha dicho que es posible para todos. Ni siquiera la muerte podrá borrar ya la Alianza entre Dios y los seres humanos.

Nuestra propia historia también se deja orientar por esos dos imanes: en ella sigue hablando Dios. Nuestra historia, las guerra que ahora mismo padecen millones de hombres, los avances de la tecnología, los problemas laborales, mis propios problemas y mis más sinceras esperanzas, las carencias de mi pueblo, etc... Todo ello constituye la auténtica palabra de Dios, porque es en todo ello en lo que nos habla Dios. La Biblia nos sirve para hacer hablar a Dios en nuestra historia, es algo así como el manual de instrucciones para comprender la hondura de la vida desde la que nos habla Dios.

Es bonita esta imagen con la que terminamos esta sección: la Palabra de Dios es la vida y el manual de instrucciones para poder comprender a Dios es la Biblia. Un manual que no es fácil de usar, porque entre otras cosas, está escrito en épocas, culturas, maneras de pensar muy lejanas a la nuestra. Pero un manual que, siendo cierto esto  anterior, ha servido y sigue sirviendo a millones de personas de distintas épocas y culturas.

 


  

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.-EL CONJUNTO DE LIBROS QUE LLAMAMOS BIBLIA

 

3.1 .-Los dos Testamentos.

Señalábamos anteriormente que esta experiencia común del Dios en la historia necesitaba ser contada de unos a otros, de unas generaciones a otras, de unas tribus a otras. Esta transmisión “contada” de boca en boca es lo que llamamos tradiciones orales. Aprendidas de memoria se transmitían de viva voz. Poco a poco, algunas de estas tradiciones se fueron poniendo por escrito. Estamos hablando de una época difícil de datar exactamente, pero podríamos decir que las primeras tradiciones orales de las que nace la Biblia estarían en torno al siglo XII antes de Cristo. Quizás unos doscientos años después empezarían a ponerse por escrito. Poco a poco, las tradiciones escritas fueron cobrando importancia sobre las orales.

Sin duda habría numerosos y muy diversos escritos, localizados también en sitios diferentes, contando historias y experiencias muy diversas, todas ellas con un objetivo común: transmitir la experiencia del Dios que habla en la vida. ¿Cómo se hizo el proceso de selección de estos textos? Fue el uso (y desuso) de estos escritos los que fueron determinando cuáles eran valiosos para reconocer la Palabra de Dios y qué otros no lo eran tanto. Además, los escritos no se fijaron en una sola vez, sino que se le iban añadiendo o quitando distintas tradiciones. Fueron naciendo así conjuntos de escritos más o menos aceptados por todos los judíos como palabra de Dios. Este proceso de selección, como se entenderá , duró cientos de años.

Sabemos que en la época de Jesús había un conjunto de escritos aceptados por todos los judíos divididos en dos bloques: la Ley y los Profetas. Había también otra serie de libros que eran más discutidos: unos los veneraban como palabra de Dios y otros no los admitían. De éstos últimos escritos algunos terminarían siendo añadidos al bloque compartido de Ley y Profetas. Hemos pasado de las tradiciones orales y de los escritos a un conjunto de libros compartido y venerado por todos los creyentes: han nacido las Escrituras.

Mientras todo esto se estaba gestando, los seguidores de Jesús, que veneraban como buenos judíos la Ley y los Profetas, mantenían vivo la memoria de su maestro: cada vez que se reunían recordaban lo que habían vivido junto a Jesús, sus hechos, sus palabras. Lo solían hacer en torno al pan y al vino, tal y como les había pedido Jesús. Algunos eran testigos de los acontecimientos y palabras, y otros conocían a Jesús por estos relatos. Todo ello fue convirtiéndose en tradiciones orales que se iban contando por las aldeas y ciudades del Mediterráneo antiguo hasta que fueron cuajando en escritos (evangelios, cartas y otros escritos) que los cristianos consideraron tan importantes como la Ley y los Profetas para poder comprender la actuación de Dios en la historia. Por eso los añadieron a ellos como un nuevo bloque que terminaron llamando Nuevo Testamento, dejando para los escritos anteriores a Jesús el nombre de Antiguo Testamento. A todo el conjunto le fueron llamando Biblia, que literalmente significa “los libros”.

3.2.- Inspiración y canon.

En la tradición cristiana se ha manejado un concepto para expresar el carácter singular de estos textos: inspiración. Se dice así que estos libros de la Biblia están inspirados por Dios. Como hemos visto, son obra humana: fruto de la experiencia humana, elaborados a través de tradiciones orales y escritos cuyos autores son siempre hombres y mujeres. Pero mirando en profundidad todo este proceso, confesamos que ha sido Dios mismo el que lo ha impulsado y sostenido desde el principio. Y ha sido Dios mismo el que nos ha ayudado a todos los creyentes a reconocer en un determinado escrito la experiencia verdadera de Dios. A esta intervención de Dios respetando el protagonismo humano le llamamos inspiración.

Por otra parte, la unidad de la comunidad creyente ha ido exigiendo a lo largo de los siglos un acuerdo sobre los libros que debemos considerar como inspirados por Dios. Esto no se ha hecho de una manera impositiva oficial, sino que ha sido el mismo uso de la Iglesia en los dos primeros siglos la que ha ido escogiendo unos escritos y rechazando otros. Sólo cuando ha habido un acuerdo en la práctica se ha proclamado de un modo más oficial el listado de libros que debemos considerar todos los cristianos como inspirados por Dios y, por tanto, pertenecientes a la Biblia. De alguna manera, la Iglesia proclama así que esto libros son “normativos”, esto es, auténticos para conocer la Palabra de Dios. A este listado oficialmente reconocido es a lo que denominamos canon. En la Iglesia Católica el Canon está formado por 73 libros, 46 de ellos pertenecen al Antiguo Testamente y 27 al Nuevo Testamento.

3.3.- Texto, lenguas, traducciones.

Podemos decir que el libro de la Biblia que cada uno tenemos contiene la colección de libros inspirados que forman el canon cristiano. Bueno, siendo más exactos tendríamos que precisar que lo que tenemos nosotros es una traducción al español de estos libros, porque estos fueron originalmente escritos en otras lenguas distinta a la nuestra. Ello explica que en un mismo pasaje cambien de una Biblia a otra, puesto que cada traductor varía su estilo y los términos con los que traduce una misma palabra.

La Sagrada Escritura está escrita en tres lenguas de las llamadas muertas (es decir, que no se hablan en la actualidad, aunque son perfectamente traducibles):

q       El hebreo: es la lengua más antigua de los israelitas, que dejó de hablarse al volver del destierro de Babilonia (s. VI a. C.) quedándose reducido su uso a la literatura y culto sagrados. En esta lengua está escrita la mayor parte del Antiguo testamento.

q       El arameo: lengua parecida al hebreo, que alcanzó su apogeo durante la dominación persa y que se hizo lengua popular en Palestina después del destierro. Es la lengua que hablaba Jesús y en ella están escritos algunos capítulos de Esdras y Daniel.

q       El griego: tras la conquistas de Alejandro Magno se extendió esta lengua por todo el oriente. En la época de Jesús estaba muy extendido su uso en Palestina (sobre todo en las ciudades y entre la aristocracia). Al ser la lengua mayoritariamente hablada en las zonas por donde se extendió el Cristianismo (las actuales Siria, Turquía y Grecia) en ella se escribieron todos los textos del Nuevo Testamento.

 

4.-LA MANERA DE CONTARNOS

 QUE TIENE LA BIBLIA

4.1.- Desde una mentalidad diferente a la nuestra.

Hay que reconocer que la Biblia, en su conjunto, no es un libro fácil de leer. Muchos pasajes nos gustan, los hemos oído toda la vida, nos han ayudado en momentos determinados de nuestra vida, los sabemos casi de memoria. Pero otros muchos se nos hacen incomprensibles, difíciles o duros de leer. Nos cuesta creer que verdaderamente puedan servirnos para todo lo que hemos venido diciendo este capítulo: para descubrir la palabra de Dios en nuestra vida.

Para no obtener una imagen deformada de la palabra bíblica no podemos olvidar que sus textos pertenecen a una mentalidad de la que nos separan miles de kilómetros y miles de años. Hay varias diferencias fundamentales:

q       Mentalidad científico técnica frente a mentalidad mágica antigua: hoy, cuando intentamos comprender un fenómeno natural o social no echamos mano de explicaciones mágicas, sino de la ciencia. Si, por ejemplo, aparece una enfermedad nueva, no recurrimos a espíritus malignos o castigos divinos, sino a la investigación médica. Eso lo tenemos perfectamente asumido cualquier hombre o mujer del siglo XXI. No era así en la época en la que se escribe la Bíblica: para los antiguos, lo que no era conocido pertenecía al ámbito de lo divino-mágico.

q       Mentalidad individual frente a mentalidad social: la antigüedad tenía una concepción de la vida donde el grupo era más importante que el individuo concreto. La conciencia de pecado, salvación, destino, etc. se entendía para el grupo social y no tanto para el individuo. Hoy asistimos a todo lo contrario: lo importante es el individuo concreto

q       Mentalidad práctica frente a mentalidad teórica: la cultura occidental de la que formamos parte se distingue por ser más teórica que la cultura oriental en la que nace la Biblia. Eso hace que en esta última se utilicen mucho más las leyendas que las teorías. Así, por ejemplo, no se dará tanta importancia a las expresiones teóricas sobre el amor de Dios, sino a episodios de la vida en los que se muestra este amor.

q       Mentalidad libre frente a mentalidad de obediencia: la modernidad ha puesto en crisis uno de los valores fundamentales de la antigüedad: la obediencia. Hoy se prima mucho más la libertad. La razón sustituye a la autoridad: sólo obedezco aquello que me parece razonable y no lo que se me impone por autoridad. Esta primacía de la razón es algo muy reciente en nuestra conciencia, desde la Ilustración (apenas trescientos años) y es, por tanto, totalmente ajena a la mentalidad de los antiguos.

Se podrían decir muchas más, pero estas son las más significativas. Ello quiere decir que lo que se nos cuente irá empapado de toda esta mentalidad. No podremos aplicarlo directamente, y necesitamos traducirlo a nuestra mentalidad.

Pero además, hay que tener en cuenta algo mucho más determinante a la hora de acercarnos a los textos bíblicos: la evolución de la fe. Hemos dicho que Dios no dicta la verdad desde el principio, sino que es una búsqueda humana, y que en esta búsqueda se pasa por diferentes grados. Y eso habrá que tenerlo en cuenta para muchos textos del Antiguo Testamento: el Dios que aparece en ellos, a veces justiciero o vengativo, es aquél que habían alcanzado a entender un pueblo que andaba buscándolo en una época muy antigua. Este mismo pueblo, siglos después entendería otros aspectos distintos e incluso opuestos  a lo que creían. Una imagen más depurada, más acorde con el Dios verdadero. ¿Habrá que decir que la imagen antigua era falsa? No, ni mucho menos. Era un escalón más dentro de la búsqueda de Dios.

Tampoco debe extrañarnos esto, porque es lo que ocurre en cada uno de nosotros con nuestra propia vida. Si desde pequeños hubiéramos ido escribiendo nuestras experiencias creyentes y ahora leyésemos lo que escribimos cuando teníamos siete años nos resultaría muy distinto de lo que creemos ahora. Y sin embargo, aquello no es que fuese falso, sino que era una etapa (superada, pero necesaria) de nuestra historia creyente.

4.2.- Los géneros literarios.

Junto a todo esto están los distintos estilos en los que se escribe. En la actualidad hay distintos géneros literarios: novela, poesía, teatro, comic, ensayo, noticia periodística. No se escribe de la misma manera en un género que en otro. En la Biblia encontramos también distintos géneros literarios, aunque, obviamente, no encontraremos los de nuestra época, sino los que se daban en el periodo en el que se escribió. Encontraremos poesías, oraciones, narraciones, leyendas, mitos, etc. Concretamente en la Biblia encontraremos los siguientes géneros literarios:

q       Historia: relato de una historia real o imaginaria de unos acontecimientos o hechos humanos importantes en la vida del pueblo, para comunicar  no tanto cómo se desarrollaron, sino, sobre todo, cómo fueron vividos y qué significaron.

q       Ley: conjunto de normas, costumbres y preceptos por los que se rige el pueblo a lo largo de su historia. Estas leyes se leen como expresión de la voluntad de Dios.

q       Profecía: un profeta se constituye en portavoz de la palabra de Dios y se dirige al pueblo para hacerle caer en la cuenta de la infidelidad, para denunciar, para anunciar castigo o salvación, para alentar, etc.

q       Lírica: la poesía es un medio privilegiado para expresar  la vivencia religiosa.

q       Sabiduría: desde la experiencia cotidiana se formulan sentencias, dichos populares, refranes, etc.

q       Apocalíptica: relato de visiones, sueños o revelaciones de acontecimientos humanos y cósmicos, ocultos y en trance de llegar, escritos en lenguaje enigmático y simbólico.

q       Carta: misiva enviada por alguien con autoridad a una comunidad o persona con intención de enseñar y animar.

 

5.- VALIDEZ Y VERDAD DE LA BIBLIA

5.1 .-¿Sigue siendo válido?

Todo ello nos lleva a dos cuestiones siempre presentes. La primera de ellas se refiere a la validez de este libro hoy: ¿para qué la Biblia, si es un texto tan antiguo?; o formulada de otra manera.¿si es tan difícil de leer, para qué? ¿No será mejor recurrir a otro tipo de escritos religiosos más asequibles y actuales?

Puede que algunos escritos nos ayuden tanto como la Biblia a comprender a Dios. Pero no olvidemos este proceso de selección familiar ha hecho que la Biblia conserve lo esencial de la experiencia humana durante más de mil años, lo cual es mucho decir. Todo problema humano está tratado. Si ese texto ha llegado a nosotros no ha sido por una decisión caprichosa sino porque a muchas generaciones de hombres y mujeres le ha servido para comprender a Dios. Además, se añade el hecho de ser un libro común, en el que todos podemos encontrarnos (cualquier otro escrito siempre será particular, por muy querido que sea). No sólo nosotros sino otros, incluso judíos.

5.2.- ¿Es verdad todo lo que dice la Biblia?

Habría que empezar diciendo que la verdad tiene varios registros. No es lo mismo preguntarse por lo que ha pasado que por el sentido de lo que ha pasado.  Un ejemplo puede aclararnos. Imaginemos un hecho concreto: por ejemplo, el nacimiento de un niño. Si queremos saber qué ha pasado tendremos que recurrir al médico que ha asistido al nacimiento del niño, al ginecólogo que ha tratado a la madre o  cualquier experto que nos explique cómo se ha pasado de la fecundación al nacimiento del niño. Con el parte médico, con el testimonio de otros médicos y con libros podríamos ilustrarnos perfectamente si lo que queremos saber es qué ha pasado. Pero el nacimiento de un niño es mucho más que un proceso biológico. Si el que ha nacido es alguien cercano a nosotros no nos interesará tanto el qué ha pasado cuanto qué sentido tiene lo que ha pasado. Y para alcanzar este sentido tendríamos que atender a la experiencia de la madre, del padre, a nuestros recuerdos, a nuestra relación con ellos, etc. A la hora de expresar ese sentido que tiene el nacimiento de ese niño, no lo haríamos con el lenguaje técnico, sino que usaríamos otro tipo de palabras: más vivenciales. Y así una madre podría decir algo parecido a lo siguiente: “ser madre es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida”. Comparando ambos registros podemos decir que tan verdad es el parte médico con la descripción del nacimiento como la experiencia de la madre. Pero son distintos tipos de verdades. No pueden ser comparadas. Una no es “más verdad” que otra .

Pues bien, con el ejemplo podemos comprender que La Biblia no se interesa tanto por el qué pasa cuanto por el sentido de lo que pasa. Por supuesto que el sentido no se puede separar de los hechos, y por eso, la Biblia no nos habla en teorías sino a través de hechos Pero la verdad de la Biblia no hay que buscarla en la exactitud del qué sino en la verdad del sentido. A la Biblia no acudimos para entender el qué del origen del universo. Para ello iremos a lo que nos dice la ciencia. Pero si lo que queremos saber es qué sentido tiene  la existencia del universo no nos sirve la ciencia: tendremos que acudir a otro registro, el religioso y una de las respuestas sobre el sentido nos la ofrece la Biblia en el primer capítulo del Génesis. Sí leemos este texto como si nos estuviera hablando del qué  cometeríamos un grave error porque lo que a ese texto le interesa no es cómo ocurrió realmente el origen del universo sino qué sentido tiene la existencia del universo.

Además habrá que tener en cuenta, como hemos dicho antes, que en la mentalidad de los autores bíblicos, la leyenda y la realidad andan muy mezcladas y no existe ese interés por separarlas que hoy tenemos en la mentalidad científica contemporánea. Puede ser que un hecho descrito no sea histórico, y sin embargo contenga una verdad en el sentido. Podemos poner el ejemplo de Adán y Eva: históricamente no es verdad que Dios durmiera al ser humano para sacar de su costilla una mujer. Sin embargo, el sentido es verdad: nada del ser humano quitará la soledad del ser humano que no sea alguien que lo sienta como carne de su carne (por decir sólo uno de los sentidos que tiene ese texto).

Ciertamente muchos de los acontecimientos que nos narra la Biblia son históricos. Otros mezclan historia y realidad. En otros casos son pura leyenda. En todos los casos la verdad hay que buscarla en el orden del sentido, de lo que se nos quiere decir para la vida humana plena en ellos. En esto, podemos estar seguros de que la Biblia nos dice la auténtica verdad que es Dios mismo. Sin perder de vista todo lo que hemos dicho del proceso de evolución.

5.3.- Más allá de la interpretación individual.

Todo ello nos lleva a una última idea sobre la verdad de la Biblia: para comprender realmente lo que dice no basta una lectura privada personal. Algunas veces tenemos la tentación de hacer de la Biblia un libro puramente individual, donde mi interpretación  personal es lo importante. Si atendemos a todo lo que hemos dicho hasta ahora comprenderemos que un pasaje bíblico no puede cogerse aislado del resto de la Biblia si quiere ser comprendido de verdad. Hay que leerlo teniendo como fondo toda la búsqueda creyente que trasluce la Biblia. Así, he de tener siempre presente que lo que dice un texto concreto hay que comprenderlo desde los textos anteriores y posteriores a él en la misma Biblia: lo que leo es uno de los eslabones en la búsqueda Dios por parte del ser humano. Adaptarlo sin más a mi situación individual sería aislarlo.

Pero además, esa búsqueda continua de Dios no se cierra con el último libro que se escribe en la Biblia, sino que continúa en una tradición. Yo no leo la Biblia como si fuera el primer y único creyente que se acerca a ella, sino que lo hago en una comunidad que tiene una historia.

 

6.- CONCLUSIONES 

Después de todo lo dicho, ¿cuál debería ser nuestra actitud hacia la Biblia si queremos empezar a comprenderla en toda su hondura? Alguna luz puede concluirse de todo lo que hemos venido diciendo.

q       La Biblia es un conjunto de reflexiones emanadas de la búsqueda de Dios por parte de un pueblo que no nos es ajeno, sino del que nos sentimos un eslabón más. Sin miedo a exagerar podríamos decir que todo lo humano, todo lo que constituye la vasta experiencia humana, está tratado en la Biblia..

q       A la Biblia no podemos acudir como si fuera una novela o una fuente de información histórica o científica. Sólo hay una forma correcta de ir a la Biblia: con nuestra propia vida, con nuestras búsquedas, introducir nuestra historia en la Historia. Es en ella verdaderamente donde encontraremos a Dios.

q       Por tratarse de textos complicados en la mayoría de los casos, necesitamos de ayuda, acompañamiento y formación. Si no es así, la mayoría de sus palabras quedarán huecas y sin sentido. Por eso:

-         Necesitamos una edición de la Biblia que contenga introducciones, notas, etc. No vale cualquier edición que por barata nos dé únicamente el texto sin más comentarios.

-         Es abundante el material formativo en la Biblia. En el grupo de catequistas, charlas, cursillos, libros, etc. son cada vez más necesarios si queremos adentrarnos en una profundización seria de la Biblia.

-         Y lo más importante: la lectura directa, asidua y constante de la Biblia. Si el único contacto que tenemos es esporádico y puntual nunca avanzaremos nada.

 

 

 


Página de 2.- :     El mundo de los Evangelios

 

 

 

 

EL IMPERIO ROMANO

 

Introducción

            Los evangelios fueron escritos en diversos puntos del imperio romano entre los años 60 y 90 de nuestra era, pero relatan acontecimientos ocurridos treinta o cuarenta años antes en Palestina.

            Esto, de entrada, nos dice que el contexto social y político en el cual se crearon los evangelios era muy diferente al nuestro. Por eso, si leemos los evangelios con la mentalidad de nuestra época, cosa fácil, es muy probable que algunas cosas importantes nos pasen inadvertidas o que no las entendamos bien, pues sólo se comprenden, comprendiendo el mundo donde fueron creados.

            Efectivamente, a medida que vamos conociendo la organización del Imperio o las costumbres judías algunos interrogantes se van despejando :

n    ¿Por qué el Sanedrín tiene que llevar a Jesús ante Pilato para que lo condene a muerte ?

n    ¿Por qué ese desprecio tan grande a los recaudadores de impuestos ?

n    ¿Por qué se da tan tanta importancia al templo de Jerusalén.

            El objetivo de esta introducción es describir el cotexto social, político, económico, cultural y religioso de la época en que fueron escritos los evangelios. Es necesario conocer el contexto del imperio romano donde nacieron los evangelios y el contexto de Palestina, el lugar del que hablan los evangelios.

 

Organización política

Los emperadores eran la cabeza visible de los extensos territorios del imperio romano. Pero no todos los territorios poseían la misma vinculación ni se regían por el mismo estatuto. Había tres clases de territorios :

n      la península itálica. Era el núcleo del Imperio y sus habitantes disfrutaban de los privilegios de ser ciudadanos romanos que luego se fueron extendiendo a las colonias o territorios entregados a los veteranos de guerra.

n      los países vinculados a Roma por un tratado. Estos gozaban de una cierta autonomía interna, como fue el caso de Palestina en tiempo de Herodes el grande y sus sucesores.

n      luego venían las provincias que eran consideradas como posesión del pueblo romano, que las había conquistado. Sus habitantes tenían la obligación de pagar impuestos, destinados a las arcas imperiales. Había dos tipos de provincias. Las primeras eran la senatoriales que habían sido constituidas durante el tiempo de la república. Tenían al frente un gobernador y dependía de la república.

            Las segundas eran las imperiales que dependían del emperador y eran gobernadas por prefectos o procuradores. Este es el caso de Judea entre los años 6-41 d.C.

      Debido a la gran extensión del Imperio, el gobierno se hacía difícil, de forma que muchos procuradores abusaban del poder y se enriquecían a costa de la población.

 

Organización social

Jurídicamente se distinguían tres clases de hombres :

n    Los ciudadanos romanos. Hombres libres que viven en la península. Estaban exentos de tributos y sólo podían ser juzgados por un tribunal romano. Este derecho lo tenían algunos hombres libres de las provincias, como es el caso de Pablo que hizo valer este derecho ante el procurador Felix (Hch. 25, 1-2)

n    Los hombres libres eran las clases indigentes y los pequeños y medianos empresarios.

n    Los esclavos formaban un importante grupo social en el imperio. Su número era muy elevado. En atenas podían ser unos 40.000 hombre libres, 10.000 libertos y 110.000 esclavos. No tenían el rango de personas humanas y se les confiaban los trabajos más duros. Pero tuvieron una gran importancia en la transmisión de la cultura y en la introducción de ideas y prácticas religiosas procedentes de Oriente. Así ocurrió en el cristianismo que tuvo en la clase de los esclavos una importante vía de expansión.

 

Situación religiosa

Durante este tiempo el mundo de las creencias religiosas experimenta un gran cambio, ya que conviven con otras formas religiosas venidas de oriente. La religión del imperio romano entra en crisis ya que no es capaz de dar respuesta a las nuevas preguntas que se van haciendo. Por eso se viven en apertura a nuevas formas religiosas.

n    La religión romana conserva su influencia. El emperador es el sumo pontífice. Junto a esta religión están los oráculos, la astrología, la creencia en el destino...

n    El culto al emperador vino de Oriente. Augusto que vio la importancia de las tradiciones religiosas para la paz del imperio, accedió a recibir honores divinos.. Tiberio y Claudio los rechazaron. Pero fueron Calígula, Nerón y Domiciano quienes la introdujeron definitivamente en el Imperio.

n    Junto a esta tradición, se extendieron mucho las religiones mistéricas, entre las cuales estaban el culto a Isis, Osiris, Mitra...

 


 

PALESTINA

 

Situación política

Desde el año 61 a.C. en que Pompeyo tomó la ciudad de Jerusalén, Palestina se encontraba sometida al poder romano. A lo largo de este periodo que comenzó con el exilio en el siglo VI a. C., los judíos vivieron con la tensión de mantener su fe religiosa en medio de influencias culturales y políticas que les influenciaban.

            Durante el tiempo de Herodes el grande (37-4 a.C.) el país alcanzó un esplendor que sólo se puede comparar a los tiempos de David. Pero, a pesar de ser un gran político, sus súbditos no le querían, debido a su cruel comportamiento con la familia real y por su colaboracionismo con los romanos.

Cuando murió, el imperio se dividió en sus tres hijos : Arquelado, Herodes Antipas y Felipe. Pero Arquelado, debido al descontento social, fue destituido y, en su lugar, el emperador puso un gobernador que residía en Cesarea, pero que iba a Jerusalén en caso de revueltas. A dicho gobernador competían los asuntos militares, judiciales y económicos.

El ejercicio de la justicia era tarea del Sanedrín, aunque éste no podía condenar a muerte. Esto sólo lo podía impartir el poder romano.

            El gobernador tenía que vivir en armonía con los judíos , de forma que los romanos no tenían insignias en la ciudad santa, pero el sumo sacerdote esa puesto por el gobernador.

            De todos los gobernadores, el más conocido fue Poncio Pilato (26-26 d.C.) Lo que nos cuentan los escritores de la época es bastante negativo. Fue muy duro y provocador. Su ultima actuación política fue la matanza de un grupo de samaritanos sin razón proporcionada, lo que le valió el exilio y el final de su carrera política.

            Poco a poco la situación se fue deteriorando hasta llegar el año 66 d.C. en que tuvo lugar la guerra judía, cuyo desenlace final fue el asedio de Jerusalén y la destrucción del Templo por las tropas de Tito.

 

Situación económica y social

En tiempos de Jesús el poder económico lo tenía la aristocracia herodiana. Frente a ellos, los pobres eran muy numerosos y su situación se agravó con Herodes el Grande. A este empobrecimiento contribuyeron los impuestos, el comercio y el proceso de urbanización.

            En general existían tres grupos :

n    Grandes propietarios y alto clero.

n    Trabajadores (alfareros, pescadores, carpinteros...). Jesús y algunos de sus compañeros pertenecían a esta casta.

n    Esclavos, mendigos, enfermos crónicos, desamparados. Los mendigos eran muy numerososs. Esta situación se agravaba con los prestamistas y recaudadores de impuestos.

 

Situación cultural y religiosa

Debido a las sucesivas invasiones de persas, griegos y romanos el pueblo se quedó sin el templo, que era su centro vital. Esto provocó el surgimiento de  instituciones como el Sanedrín y la Sinagoga, a la vez que surgieron los escribas cuya misión era mantener intacta las tradiciones religiosas del judaísmo. Estas tradiciones tenían su centro en la Ley, la Tora, que gozaba de respeto por parte de todos.

            En tiempos de Jesús, el templo había sido reconstruido y la clase sacerdotal se había revitalizado. Además, habían surgido nuevos grupos religiosos.

 

a) Las instituciones

n    Templo. Reunía el poder político, económico y religioso. Quien lo atacaba, atacaba los cimientos de la sociedad. Era el centro más importante de comercio y de intercambios monetarios. En él se acuñaban las monedas que se utilizaban en su interior.

       Junto al templo estaba la fortaleza Antonia que servía de vigilancia al templo.

       Finalmente, es el centro religioso ya que, según la Ley de Moisés, es el único lugar donde se pueden realizar los sacrificios prescritos.

n    Fiestas. Pascua (Moisés), Pentecostés (entrega de las tablas a Moisés. Se ofrecían los primeros frutos de las cosechas), Tabernáculos (fin de las cosechas). La fiesta del sábado era muy importante para todo judío. Primero la mantuvieron los sacerdotes y luego los fariseos. Estos la ponían como fundamental. De ahí las controversias con Jesús.

n    Sinagoga. Surgió al perder el templo. Era lugar de oración y de estudio.

n    Sanedrín. Estaba compuesto por sacerdotes y escribas. Tenía competencias de orden público y poseía guardia propia. Su principal cometido era judicial en causas civiles y religiosas relativas a la Ley. Sus sentencias eran aceptadas por el poder romano como válidas, excepto cuando se trataba de aplicar la pena capital. Sus reuniones eran dentro del templo, presidido por el sumo sacerdote y contaba con 71 miembros.

 

Grupos religiosos

Durante el tiempo de Jesús surgieron algunos movimientos que tuvieron influencia en Jesús. Por eso es bueno conocerlos.

n    Escribas. Nace en torno al estudio y conocimiento de la Ley de la que deducen normas de comportamiento y explicaciones. Fueron los guías espirituales del pueblo y estaban ligados a los fariseos.

n    Esenios.  Intentaban vivir la Ley en toda su pureza. Manifestaban oposición al Templo y al poder constituido. Por eso optan por la retirada. Se dedican a estudiar la Ley.

n    Movimientos bautistas. Anunciaban la salvación como algo inminente. Cada uno de estos grupos surgían en torno a un guía. Es el caso de Juan Bautista y de Jesús. Estos grupos esperaban un mesías que cambiase la difícil situación que estaban viviendo. Pero Jesús rompe los moldes.

n    Saduceos. Es el alto clero que vive a expensas del templo y encarna la teología tradicional. No creían en la resurrección. Eran colaboracionistas.

n    Fariseos. Buscaban la interpretación recta de la Ley. Para hacerse una idea de este grupo no podemos acudir a los evangelios, porque éstos muestran las disputas entre la comunidad cristiana y la sisanoga más allá del año 70 d.C. En realidad, los fariseos era un grupo con una gran profundidad religiosa y que se oponían a colaborar con los dominadores.

n    Samaritanos. Formaban un grupo aparte. Los judíos los llamaban herejes y evitaban el trato con ellos.

 

 

 

 


Página de : 3.-:     Los Hechos de los Apóstoles

 

 

 

 

«El Evangelio del Espíritu»

 

Para comprender el libro de Los Hechos hay que partir de algo que seguramente todos sabemos: Los apóstoles nunca comprendieron a Jesús. Nunca pensaron que Jesús fuese Dios. Creían que era un Mesías político, alguien que vino para liberar al pueblo judío del dominio al que Roma tenía sometido al pueblo. Algunos datos del evangelio que nos muestran esto son los siguientes:

Ø      Mt 20,20: Los hijos de Zebedeo

Ø      Mc 8,28ss: Pedro reprende a Jesús por querer ir a Jerusalén

Ø      Lc 24,13ss: Los discípulos de Emaús

Ø      Jn 18,10: Pedro ataca al criado del Sumo Sacerdote

Ø      Mt 17,16: Jesús se queja de la falta de fe de sus discípulos.

 

A partir de este cuadro, se entiende que el libro de los Hechos va a mostrar cómo el Espíritu va guiando a los primeros cristianos hasta que se dejan mover por este mismo Espíritu, lo cual es sinónimo de haber descubierto el verdadero mensaje de salvación que Jesús vino a traer y que tan mal comprendieron sus discípulos.

Algunos datos curiosos de este evangelio y que pueden servir de ayuda para su interpretación son los siguientes:

Ø      Es curioso ver la estrategia que Lucas utiliza. En primer lugar, aunque el libro se titula “Los hechos de los apóstoles”, a la hora de la verdad los protagonistas son realmente dos: Pedro y Pablo, porque a Lucas lo que le interesa es mostrar la comunidad que hay por debajo de cada una de estas dos personas.

Ø      Por otro lado, la estrategia de Lucas es coger un personaje, por ejemplo, Pedro, y lo trata hasta que sea una persona movida por el Espíritu Santo. Una vez que esto tiene lugar, dicha persona desaparece. Otro caso curioso es el de Pablo, que está hasta el final del libro. El final de los Hechos no es la muerte de Pablo, que ya había acontecido cuando se escribió, sino la misión con libertad. Este final es el mismo que el del evangelio de Lucas.

Ø      Según este criterio, ¿quién es el primer cristiano de la historia? Esteban, porque fue el primero en desaparecer.

Ø      Otro dato curioso es que a los cristianos se les da por primera vez este nombre en Antioquía, ciudad que estaba fuera de los ámbitos de judaísmo

Por eso, el libro de los Hechos sigue siendo un libro actual, porque, en el fondo, nos ayuda a descubrir hasta qué punto nosotros no hemos descubierto todavía lo esencial de ese mensaje y seguimos viviendo y teniendo ideas completamente contrarias a las que vienen del Espíritu Santo.

Pero, vayamos por partes...

 

1.      Los apóstoles reciben el Espíritu Santo

Lo primero que se nos narra en los Hechos es la ascensión. En ella se nos cuenta cómo Jesús asciende al cielo y los apóstoles se quedan mirándole mientras se va.

Este texto tiene un paralelo con el relato de Eliseo y Elías. Cuando Elías se va, Eliseo le pide dos partes de su espíritu y la consigue pues recoge el manto. De esta forma los demás profetas le reconocen, al llevar puesto el manto de Elías.

En el caso de los discípulos, ellos se quedan mirando para arriba esperando que Jesús les lance un trozo de su manto. Así tendrían un poder con el cual convencerían a todos. Pero, en vez del manto, lo que reciben es el mandato de la misión que será más tarde garantizado por el Espíritu Santo.

Luego se dirigen a su casa y viene la elección de Matías. Esto es curioso porque Jesús no les dijo nada que eligiesen a uno en sustitución de Judas, lo cual muestra la obsesión del judaísmo por el número 12. Parece como que tienen que ser de nuevo doce para recibir el Espíritu Santo.

 

1.1.  Pentecostés

El día de Pentecostés viene el Espíritu Santo sobre los discípulos y ya Lucas va a marcar los problemas que nacen dentro dela Iglesia ante el Espíritu de Jesús resucitado y las divisiones que se producen. Aparecen dos posturas:

Ø      ¿Qué quiere decir esto? (Lc 2,12)

Ø      Están bebidos (Lc 2,13)

A lo largo de los hechos de los apóstoles Lucas irá mostrando cómo dentro de la Iglesia están presentes estas dos tendencias, tendencias que podemos descubrir también dentro de nosotros.

Los primeros son los que se dejan llevar por el Espíritu y los que, como veremos más adelante, serán perseguidos, criticados y condenados a muerte.

Los segundos son los que no se dejan sorprender por Dios, los que parece que lo saben todo, los que se fabrican un dios a su medida, los que se aferran a lo que conocen o dominan, los que no se dejan renovar por Dios y se creen en posesión de la verdad...

 

2.      Las dos tendencias en la primera Iglesia

Antes de afrontar esta parte hay que tener presente algo curioso en los discursos de Pedro. Hay veces en que Lucas dice que Pedro habla movido por el Espíritu Santo y otras ocasiones en que no lo dice. Cuando no lo dice, su discurso es exclusivista. Cuando habla movido por el Espíritu su discurso es universalista.

            Teniendo esto en cuenta lo primero que vemos dos relatos curiosos porque no parecen lógicos, aunque sí existe la lógica:

Ø        Pedro es llevado al Sanedrín. Cuando Pedro va al templo (mentalidad judía) a rezar se encuentra con un tullido. Estaba fuera del templo porque los tullidos no podrían entrar en el templo (2 Sam 5,8). Pedro le toma de la mano derecha, señal de la comunicación del Espíritu Santo y le ofrece la única riqueza que tiene la Iglesia: Jesús.

Pedro aprovecha el momento para dar un discurso. En este momento no está movido por el Espíritu. Por eso, al analizar su discurso vemos algunas cosas un tanto cuestionables:

·        “El Dios de nuestros padres” (3,13)

·        “quien no escuche al profeta (Jesús) será excluido del pueblo” (3,23)

·        “Dios resucitó a su siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros” (3,26)

Luego llegan los Sumos Sacerdotes e interrogan a Pedro que, lleno del Espíritu Santo, responde. Finalmente los liberan.

Más adelante los vuelven a meter en la cárcel pero siguen sin conseguir nada. Esta vez el ángel del Señor los libera. Luego los vuelven a coger y quien los defiende es un fariseo, Gamaliel. Esto indica que posiblemente el mensaje cristiano se acomodó a los fariseos.

Ø      El martirio de Esteban. Los Doce eligen a siete diáconos (número perfecto). A Esteban lo cogen porque habla en contra del templo y la Ley (Hch 6,13). Este habla lleno del Espíritu Santo habla y lo condenan a muerte. Lucas compara aquí la muerte de Esteban con la de Jesús cuando dice: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Son palabras parecidas a las que Jesús pronunció en la cruz.

El libro de los Hechos señala, a continuación, algo que llama la atención. Se nos dice que se desató una fuerte persecución contra la Iglesia y que todos se dispersaron salvo los apóstoles. Lo curioso de todo es que en el capítulo siguiente (Hch 9,31) se nos dice que la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Pero ahí no termina todo. Pedro predica tranquilamente sin que nadie le persiga.

            ¿Cómo explicar esta situación? Seguramente porque hubo dos comunidades y dos formas de interpretar el evangelio. Esteban habla lleno del Espíritu Santo en contra de la Ley y el Templo. Esto provoca que lo condenen. En cambio a Pedro lo sueltan porque su comunidad la consideraban como una secta judía que aceptaba el Templo y la Ley.

            La persecución se desata, pues, contra los helenistas que comienzan predicando a los judíos pero se abren al resto del mundo. Estos son los que tienen el Espíritu de Dios. Son los auténticos cristianos, nombre, por cierto, que reciben en Antioquía, ciudad que está fuera de las influencias judías.

 

2.1.  Las dos tendencias de la Iglesia

Esta doble tendencia aparece en numerosos textos de los evangelios:

Ø      Mt 15,33.16,13

Ø      Mt 17,24

Ø      Mt 17,15

Ø      Lc 10,17

 

3. La nueva situación

Lucas va mostrando a lo largo de los Hechos cómo hay dos tendencias en la Iglesia y cómo, poco a poco, los cristianos van dejándose llevar por el Espíritu en vez de por la Ley. El Espíritu lo tienen los paganos, mientras que la Ley representa a los judíos:

Ø      Pedro pasa por comunidades donde todos están enfermos. Todos menos un pagano, Simón el curtidor, cuyo oficio lo hacía el más impuro de los impuros. Es ahí donde Pedro tiene la visión de Cornelio.

Ø      Conversión de Pedro

Ø      Conversión de Pablo

Ø      Felipe se encuentra con el eunuco.

 

3.      Conclusión

Es bueno volver a acudir al texto de la Transfiguración ya que nos puede servir de conclusión ante la mentalidad de los discípulos y la de Dios...

            Jesús se lleva a la montaña a tres discípulos:

Ø      Pedro, apodado piedra.

Ø      Santiago, hijo del trueno

Ø      Juan, el discípulo amado.

 

Este texto indica que para los primeros cirstianos Jesús fue aceptado pero el judaísmo seguía presente en ellos. También nosotros seguirmos moviéndonos entre Elías, Moisés y Jesús.

El problema es que, la comunidad judeo cristiana, aquella que se basaba en la ley es la que desapareció. A nosotros nos ha llegado la comunidad guiada por el Espíritu que son las comunidades de Pablo, las perseguidas. Sin embargo, veinte siglos después, todavía la Ley nos sigue tirando mucho. Vivimos muchas veces desde la Ley, cuando la ley mata, cuando la comunidad que vivía desde ella terminó desapareciendo...

 

 

 

 


Página de 4.-:       EL PAPA A LOS JÓVENES: CONOCER A CRISTO

 

Consejos del Papa a los jóvenes para que conozcan a Cristo
Mensaje a la jornada nacional de la juventud católica de Holanda

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 13 enero 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que dirigió Benedicto XVI a los jóvenes de Holanda con ocasión de la primera Jornada Nacional de los Jóvenes Católicos.
 

* * *



Queridos jóvenes amigos:

Deseo enviaros mi cordial saludo a todos vosotros, reunidos en Nieuwegein para la primera Jornada nacional de los jóvenes católicos de Holanda. Saludo al cardenal Adrianus Simonis, arzobispo de Utrecht y presidente de la Conferencia episcopal, y a todos los obispos holandeses, expresando mi profundo aprecio por la realización de esta feliz iniciativa. Asimismo, deseo dar las gracias al "Werkgroep Katholieke Jongeren" por el esfuerzo realizado durante estos años, y a los sacerdotes y laicos comprometidos en la pastoral juvenil, que os acompañan en vuestra reflexión. A través de este mensaje, queridos jóvenes, deseo hacerme presente espiritualmente en medio de vosotros y aseguraros que os acompaño en la oración. Sé que muchos de vosotros habéis participado en el encuentro mundial de Colonia, y es para mí motivo de gran alegría el hecho de que ahora queráis proseguir la experiencia iniciada con la Jornada mundial de la juventud, facilitando la participación de otros coetáneos vuestros que no tuvieron la posibilidad de asistir.

Celebrar la jornada de hoy por invitación de vuestros obispos es un signo muy hermoso para la sociedad holandesa: muestra que no tenéis miedo de proclamar que sois cristianos y queréis testimoniarlo abiertamente.

En efecto, la razón más profunda de vuestra reunión es encontraros con nuestro Señor Jesucristo. Así fue para los que participaron en la reciente Jornada mundial de la juventud, que tuvo por tema: "Hemos venido a adorarlo" (Mt 2, 2). Tras las huellas de los Magos, animados por el anhelo de averiguar la verdad, jóvenes de todos los rincones de la tierra se dieron cita en Colonia para buscar y adorar al Dios hecho hombre, y después, transformados por el encuentro con él e iluminados por su presencia, volvieron a su país, como los Magos, "por otro camino" (cf. Mt 2, 12). Así también vosotros volvisteis a Holanda deseosos de comunicar a todos la riqueza de la experiencia vivida, y hoy queréis compartirla con vuestros coetáneos.

Queridos amigos, Jesús es vuestro verdadero amigo y Señor; entablad una relación de verdadera amistad con él.

Él os espera y sólo en él encontraréis la felicidad. ¡Cuán fácil es contentarse con los placeres superficiales que nos ofrece la existencia diaria! ¡Cuán fácil es vivir sólo para sí mismos, gozando aparentemente de la vida! Pero antes o después nos damos cuenta de que no se trata de verdadera felicidad, porque esta es mucho más profunda: sólo la encontramos en Jesús. Como dije en Colonia, "la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret" (Discurso durante la fiesta de acogida de los jóvenes, en un barco sobre el Rhin, 18 de agosto de 2005: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 26 de agosto, p. 4).

Por eso os invito a buscar cada día al Señor, que sólo desea que seáis realmente felices. Entablad con él una relación intensa y constante en la oración y, en la medida de vuestras posibilidades, encontrad momentos propicios en vuestra jornada para permanecer exclusivamente en su compañía. Si no sabéis cómo rezar, pedid que sea él mismo quien os lo enseñe e implorad a su Madre celestial que ore con vosotros y por vosotros. El rezo del rosario puede ayudaros a aprender el arte de la oración con la sencillez y la profundidad de María. Es importante que en el centro de vuestra vida esté la participación en la Eucaristía, en la que Jesús se entrega a sí mismo por nosotros. Él, que murió por los pecados de todos, desea entrar en comunión con cada uno de vosotros, llama a la puerta de vuestro corazón para daros su gracia. Id a su encuentro en la santa Eucaristía, id a adorarlo en las iglesias y permaneced arrodillados ante el Sagrario: Jesús os colmará de su amor y os manifestará los sentimientos de su Corazón. Si os ponéis a la escucha, experimentaréis de modo cada vez más profundo la alegría de formar parte de su Cuerpo místico, la Iglesia, que es la familia de sus discípulos congregados por el vínculo de la unidad y del amor. Además, como dice el apóstol san Pablo, aprended a dejaros reconciliar con Dios (cf. 2 Co 5, 20). Jesús os espera especialmente en el sacramento de la Reconciliación para perdonar vuestros pecados y reconciliaros con su amor a través del ministerio del sacerdote. Confesando con humildad y verdad vuestros pecados, recibiréis el perdón de Dios mismo mediante las palabras de su ministro. ¡Qué gran oportunidad nos ha dado el Señor con este sacramento para renovarnos interiormente y progresar en nuestra vida cristiana! Os recomiendo que hagáis constantemente buen uso de él.

Queridos amigos, como os decía antes, si seguís a Jesús jamás os sentiréis solos, porque formáis parte de la Iglesia, que es una gran familia, en la que podéis crecer en la amistad verdadera con numerosos hermanos y hermanas en la fe, esparcidos por todo el mundo. Jesús os necesita para "renovar" la sociedad actual. Esforzaos por crecer en el conocimiento de la fe, para ser sus testigos auténticos. Dedicaos a comprender cada vez mejor la doctrina católica: aunque a veces al mirarla con los ojos del mundo pueda parecer un mensaje difícil de aceptar, en ella está la respuesta satisfactoria a vuestros interrogantes de fondo. Tened confianza en los pastores que os guían, obispos y sacerdotes; insertaos activamente en las parroquias, en los movimientos, en las asociaciones y comunidades eclesiales, para experimentar juntos la alegría de ser seguidores de Cristo, que anuncia y da la verdad y el amor. Y precisamente impulsados por su verdad y su amor, junto con los demás jóvenes que buscan el sentido verdadero de la vida, podréis construir un futuro mejor para todos.

Queridos amigos, estoy cerca de vosotros con la oración, para que acojáis generosamente la llamada del Señor, que os presenta grandes ideales, capaces de hacer hermosa vuestra vida y llenarla de alegría. Estad seguros de que sólo respondiendo positivamente a su llamada, por exigente que os pueda parecer, es posible encontrar la felicidad y la paz del corazón. Que en este itinerario de compromiso cristiano os acompañe la Virgen María y os ayude en todos vuestros buenos propósitos. Con estos sentimientos, os imparto de corazón una especial bendición apostólica a todos los que os halláis reunidos en Nieuwegein, así como a los que con amor y sabiduría os acompañan en vuestro camino de crecimiento humano y espiritual.

Vaticano, 21 de noviembre de 2005
[Traducción distribuida por la Santa Sede]

 

 

 


Página de   5.-:       Evangelios Sinópticos:  Cuadro comparativo

 

 

 


Página de  6.-:                                                                       Testimonios evangélicos

Mi querido Dios:

           Desde lo más profundo de mi alma todo mi ser te canta con un grito unánime: ¡¡¡ GRACIAS !!!.

            Gracias... por tanto.

            Gracias por toda mi vida, convertida en una historia de amor que le da sentido; por lo que ha sucedido desde el momento en que me pensaste hasta ahora, pasando por todos los detallitos que pones, -y quitas-, en el camino y que hacen crecer mi corazón en amor, en tu AMOR.

            Desde siempre, Señor, has estado caminando junto a mí. Lo prometiste una vez y ...no has fallado nunca. Desde pequeñita he notado tu aliento y, cuando comenzaba a dar los "primeros pasos" en el mundo en el que vivo, era tu mano amorosa y llena de ternura la que me sostenía. Y sostiene hoy.

            No ha sido ni es fácil crecer, Dios mío. Igual que un niño pequeño que, conforme va creciendo, suele buscar los brazos de su madre para encontrar el cariño y el perdón, así, Señor, vuelvo a ti tantas veces. ¿Verdad ?. Y lo que siempre me he encontrado ha sido la maravillosa rutina: más amor; ¿más aún, Dios mío?.

            A lo largo de mi vida, de mi vida de oración, has sido siempre generoso: primero consolaciones; sequedades después. Muy acertado, mi buen Jesús; me has encandilado primero y después...¡ay, después!, ¿quién es capaz de no amarte después?. Más de una "rabieta" me ha costado el no comprender y el tener que aceptar, mas susurrabas al oído: "no te molestes en comprender, ni luches por aceptar. SÓLO AMA". (¿Quién es capaz de no amarte después?).

            A medida que han ido pasando los años, Dios mío, tu presencia se ha ido manifestando, poquito a poco, en las cosas más sencillas y pequeñitas del día a día. (Hay una sonrisa que cada día me dice: "¡Dios te ama!" y quiero que la mía también lo diga). Has querido también enseñarme que en la oración sólo he de estar, que no he de esperar nada y que sólo la fe y el amor son suficientes. En ella siempre va un :"Te amo y gracias"(y muchas veces esa es mi oración para media o una hora).

            Sé, mi buen Jesús, que ambos, -Tú y yo-, somos protagonistas del milagro de mi vida. Y sé también que lo que comparto con los demás es eso mismo: ser objetos de amor del mismísimo Amor. ¡Qué alegría!.

            Así te quiero, Dios mío, cercano, amante y, sencillamente, maravilloso. Te regalo...esto; lo poco que soy y lo nada que sería sin ti. Me quedo contigo, que eres mis ganas de amar, de reir, de sufrir... amando.

            Para disfrutar de todo, de TODO, lo que pones en mis manos cada día sólo me pides una cosa: abandono en ti. Esto supone dejarme amar por el mismo Amor y amar todo desde Él.

            Dios mío, desde mi pequeñez y miseria, lo quiero. Sabes que mis días sin ti estarían llenos de... nada.

            Con todo el amor que Tú mismo has puesto en mí: TE AMO. SIEMPRE. ¡ GRACIAS !.

                                 T ( Galicia )

 

 

 

HÁGASE

 

Señor Jesús me piden que comparta algo de la experiencia vivida en estos años.

Para mí es difícil de expresar todo lo que tú Señor has ido realizando... me emociona contemplar la historia de amor que se ha ido entrelazando...

Me gustaría escucharte a ti... Tantos momentos en que me has esperado. en que te has puesto a mi ritmo, te has metido en mi proceso.

Lo grande de esta historia es tu Amor, es tu Fidelidad...

A mi alrededor pusiste personas que con su palabra y experiencia me invitaban a dejarme amar por ti, a dejar que Tú hicieras tu obra. Y esto me ha servido siempre mucho. ¡Cuántas veces me he sorprendido llevando yo las riendas de mi vida sin dejarte a ti hacerlo! Pero volvíamos a empezar, era más seguro que tú las llevaras.

Me hiciste comprender que tú vivías dentro de mí, que mi casa era una casa habitada y así comencé a vivirlo todo contigo. ¡Cuántas veces caminado por la calle sentía tu Presencia o en el autobús o conduciendo en el coche! ¡Cuántas veces dando clase a los alumnos mientras ellos trabajaban yo te los presentaba y vivíamos juntos esa misión!

Tu obra la vas haciendo sin que yo casi me de cuenta... ¡Cuánta finura por tu parte!

En algunos momentos celoso de mi amor me has avisado y me has hecho ver con que facilidad mi corazón se engancha y busca fuera lo que Tú solo le puedes dar.

Me sentí invitada a entregarme del todo a ti, no era nada por mi parte, pequeña respuesta de amor a un Amor lleno de misericordia y de ternura para conmigo.

Sé que tomas la palabra y que decirte "Hágase" o decirte "Haz de mi lo que quieras" implica mucho, implica poner mi nada en ti. Pero me has dado la gracia de fiarme de ti y por ello una y otra vez te digo que aquí me tienes.

Tú sabes mejor que yo la verdad y la hondura de mis palabras, de mis actitudes, todo te lo entrego, me sigo apoyando en tu fidelidad, en tu amor como mi única seguridad.

Desde joven te pedí que me enamoraras de ti, y me lo has concedido. "Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia".

En tu infinita misericordia has hecho una alianza de amor conmigo que cada día deseo renovar.

El hilo conductor de toda esta historia es el "nombre" con el que Tú me has sellado, este nombre me ha acompañado siempre. Tú lo pusiste en mis labios y en mi corazón "HÁGASE".

Hágase en momentos de profundo gozo pero también en momentos de fracaso, de oscuridad o de contrariedad, un Hágase que me ha lanzado siempre al abandono, a la entrega, a correr a ti como el lugar más seguro.

La vocación eucarística recibida en el mismo nombre me invita a ofrecerme contigo al Padre por todos, me invita a adorarte en cada hermano y hermana que pones en mi camino, me invita a ser pan o mejor a que Tú sigas a través de mi persona siendo pan, alimento, presencia en medio de nuestro mundo.

Jesús no sé que más decir, el silencio habla mejor de nuestro Amor, me has hecho tu esposa y solo me queda vivir en un GRACIAS, en un HÁGASE apasionado e ilusionado. Junto a María, mi Madre y amiga en esta aventura de ser UNA contigo.

 

¿Cómo es mi experiencia de ti, Señor Jesús?

Mi experiencia de Ti, Señor Jesús siento que es muy íntima, Tú vas siempre conmigo. Tú eres mi yo más profundo.

Siento tu delicadeza, tu ternura, tu Amor seductor y celoso.

Tú eres la razón de mi vida, el amor que invade todo mi ser y me invita a ser amor, me invita a dejarte a ti amar a través mío.

De ti he recibido mi nombre "Hágase" que me lleva a vivir en el más absoluto abandono.

Desde mi pobreza por ti asumida y querida deseas seguir conduciéndome hacia un amor cada día más pleno y total vivido en Nazaret, vivido en una vida sencilla de escucha y de acompañamiento de los hermanos y hermanas que vas poniendo en mi camino.

 

¿Hasta dónde quieres Jesús que llegue nuestro amor?

Quiero escucharte a ti contestar esta pregunta; intuyo que será algo maravilloso y fascinante, amor nuevo y único. Amor que pasará por la Cruz, por el despojo pero que me llenará de vida y de paz.

Siento en mi corazón un deseo muy grande de unión, de transformación. Gracias por poner en mi este deseo. Como decía Santa Teresita, tú no pones deseos que no quieras colmarlos. CONFÍO EN TI.

Construye desde mi pequeñez lo que Tú quieras. TE QUIERO y sé que Tú me quieres mucho más, con un amor divino que todo lo que toca lo transforma.

Animada y protegida por María no me canso de decir: "Hágase en mí como Tú quieras". "De acuerdo mi Señor".

Por todo esto soy dichosa, feliz y no puedo más que vivir en un prolongado GRACIAS, todo me es dado. También a través de los hermanos y hermanas. Mi vida, una Eucaristía de acción de gracias y de ofrecimiento contigo al Padre por todos.

 

Silencio lleno de Presencia, lleno del Amor que me seduce y enamora.

Soy una más dentro de esta comunidad donde tú estás haciendo maravillas. En verdad somos privilegiados... Si el mundo te conociera... Pondré mi granito de arena para que otros puedan hacer la misma experiencia que a mi me concedes tener.

Vuelvo a sentir el fuego con que me atrajiste a ti en los primeros años. Recuerdo tu palabra grabada en mi corazón: "Si tu no ardes muchos morirán de frío".

Señor quema, purifica, consume lo que quieras de mi vida.

SOY TUYA.

E.

 

 

 

 

 

 

 


Página  de  7.-:                                                        Mi Cristo  roto

 

 

COMPRAVENTA DE CRISTOS

A mi Cristo roto, lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui en compañía de un buen amigo mío. Al Cristo, ¡Qué elección! Se le puede encontrar entre tuercas y clavos, chatarra oxidada, ropa vieja, zapatos, libros, muñecas rotas o litografías románticas. La cosa, es saber buscarlo. Porque Cristo anda y está entre todas las cosas de este revuelto e inverosímil rastro que es la Vida.

Pero aquella mañana nos aventuramos por la casa del artista, es más fácil encontrar ahí al Cristo, ¡Pero mucho más caro!, es zona ya de anticuarios. Es el Cristo con impuesto de lujo, el Cristo que han enriquecido los turistas, porque desde que se intensificó el turismo, también Cristo es más caro.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas y andábamos por la tercera o cuarta.

- Ehhmm ¿Quiere algo padre?

- Dar una vuelta nada más por la tienda, mirar, ver.

De pronto… frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, iba a lanzarme sobre él, pero frené mis ímpetus. Miré al Cristo de reojo, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a Él, no sé por qué. Fingí interés primero por los objetos que me rodeaban hasta que mis manos se apoderaron del Cristo, ¡Dominé mis dedos para no acariciarlo! No me habían engañado los ojos… no. Debió ser un Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

Se acercó el anticuario, tomó el Cristo roto en sus manos y…

- Ohhh, es una magnífica pieza, se ve que tiene usted gusto padre, fíjese que espléndida talla, qué buena factura…

- ¡Pero… está tan rota, tan mutilada!

- No tiene importancia padre, aquí al lado hay un magnífico restaurador, amigo mío y se lo va a dejar a usted, ¡Nuevo! Volvió a ponderarlo, a alabarlo, lo acariciaba entre sus manos, pero… no acariciaba al Cristo, acariciaba la mercancía que se le iba a convertir en dinero.

Insistí, dudó, hizo una pausa, miró por última vez al Cristo fingiendo que le costaba separarse de Él y me lo alargó en un arranque de generosidad ficticia, diciéndome resignado y dolorido:

- Tenga padre, lléveselo, por ser para usted y conste que no gano nada, 3.000 pesetas nada más, ¡Se lleva usted una joya! El vendedor exaltaba las cualidades para mantener el precio. Yo, sacerdote, le mermaba méritos para rebajarlo…

Me estremecí de pronto. ¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! Y me acordé de Judas… ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? ¡Pero cuántas veces vendemos y compramos a Cristo, no de madera, de carne, en él y en nuestros prójimos! Nuestra vida es muchas veces una compraventa de cristos.

Bien… cedimos los dos… lo rebajó a 800 pesetas. Antes de despedirme, le pregunté si sabía la procedencia del Cristo y la razón de aquellas terribles mutilaciones. En información vaga e incompleta me dijo que creía procedía de la sierra de Aracena, y que las mutilaciones se debían a una profanación en tiempo de guerra.

Apreté a mi Cristo con cariño… y salí con Él a la calle.

Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré solo, cara a cara con mi Cristo. Qué ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¡¿Quién fue el que se atrevió contigo?! ¡¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz?! ¿Vive todavía? ¿Dónde?¿Qué haría hoy si te viera en mis manos?…¿Se arrepintió?

- ¡CÁLLATE!

Me cortó una voz tajante.

- ¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¡¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo?! ¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, Yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros. ¡Cállate! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres. ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Ohh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté:

- No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller.¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?

- ¡NO, NO ME GUSTA!

Contestó el Cristo, seca y duramente.

- ¡ERES IGUAL QUE TODOS Y HABLAS DEMASIADO!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso.

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHIBO!  ¡¿LO OYES?!

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias.

Me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

- ¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado?¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele, a ver si así, roto y mutilado te sirvo de clave para el dolor de los demás! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes. Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me repugnan, me dan asco!, Los tolero forzado en mis pies de imagen tallada en madera, pero me hieren el corazón. ¡Tenéis demasiados cristos bellos! Demasiadas obras de arte de mi imagen crucificada. Y estáis en peligro de quedaros en la obra de arte. Un Cristo bello, puede ser un peligroso refugio donde esconderse en la huida del dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia, en un falso cristianismo. Por eso ¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada iglesia, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.

- Si señor, te lo prometo. (Contesté)

Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa.

Desde hoy… viviré con un Cristo roto.

 

 

 


  Página de  8.-                                                                  Vocación

 

 

 La Vocación "no es" - "es"

 

No es
Es
  • Un sentimiento: Muchas veces escuchamos decir "siento la vocación". En realidad la vocación no se siente. Es más bien una certeza interior que nace de la gracia de Dios y que exige una respuesta libre y voluntaria. Si Dios te llama, esta certeza irá creciendo en la medida que vayas respondiendo con generosidad.
  • Un refugio para el que tiene miedo a la vida.
  • Una carrera como cualquier otra.
  • Una seguridad matemática: en la vocación religiosa tienes que aceptar el riesgo de la misión, pero recuerda que es un riesgo en manos de Dios y en compañía de tu comunidad.
  • Un misterio de amor entre Dios que llama por amor y una persona que le responde libremente y por amor.
  • Una llamada a una misión en la tierra.
  • La decisión de un joven, de una joven que quiere dedicar su vida a ayudar a sus hermanos.
  • La vocación es un proceso como toda historia de amor.
  • Dios se esconde un poco cuando nos llama y es que quiere dejar el margen suficiente a nuestra libertad.
  • Una invitación de Dios a la felicidad. Sería un error pensar que Dios pueda proponernos algo que no nos haga felices.

 

 

 Al tomar tu decisión vocacional

 

No olvides nunca que...
  • Quieres entregarte a Dios: tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la gloria, la fama.
  • La vocación, la llamada de Dios, no se pierde. Pero puedes dejar de escucharla, si diariamente no eres fiel a tu entrega, fiel a los propósitos que hoy haces, fiel por encima de todas las dificultades.
  • Las dificultades y sufrimientos son inherentes a la vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos. Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la monotonía... Los sufrimientos suelen venir por donde menos lo esperamos.
  • La perfección no es de este mundo y lo que importa es tu esfuerzo continuo por superarte.
  • El desánimo es una tentación de abandonar lo grande. No te desanimes cuando te experimentes incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados a Dios, cuando te encuentres como sólo en tu ideal, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.
  • Sin vida constante de oración, de unión con Dios, pronto estarás más cerca del «mundo» que del «cielo» y entonces no vale la pena tu sacrificio de hoy.
  • Que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que hoy dejas. Y un sacerdote, una religiosa consagrada a Dios, no puede ser un/una  triste solterón/solterona forzado a serlo.
  • Y recuerda diariamente, que la felicidad en tu vocación está en razón directa con tu entrega total. Dios jamás defrauda a quien pone toda su vida al servicio de la causa del Reino.
 

 

 ¿Qué es Pastoral Vocacional?

 

La respuesta es muy sencilla, al alcance de cualquier mente y cualquier corazón que sea joven y que esté abierto y en diálogo con la vida.

Sólo de dos cosas fundamentales se trata. Todo lo demás viene por añadidura. Y esas dos cosas fundamentales son:

1. Pastoral Vocacional trata de hacernos caer en la cuenta de que todos nosotros estamos llamados en la vida a algo esencial:

  • ser felices
  • y hacer felices a las personas que nos rodean

2. Y, en segundo lugar, ver cómo podemos cada uno de nosotros encontrar ese camino de felicidad, y cómo seguirlo lo más adecuadamente posible, puesto que nos interesa muchísimo.

Todo lo demás viene por añadidura, ya lo decíamos antes.

En otras palabras, en Pastoral Vocacional tratamos de ver cuál es nuestro camino en la vida, partiendo de dos preguntas claves:

  • ¿Qué quiere Dios de mí?
  • ¿Cómo puedo yo servir mejor a los demás?

Y al respondernos a estas dos cuestiones veremos diversas posibilidades, todas ellas caminos de Dios y caminos de servicio y entrega a los hermanos. Por lo pronto nos diremos:

¿Mi camino es la vida laical, como madre o padre de familia, como mujer u hombre trabajando por un mundo justo, solidario, en paz... según Dios quiere?

¿Mi camino es la vida consagrada, como sacerdote, religiosa,... viviendo desde el Señor en el servicio a la Iglesia y a este mundo, a los más necesitados (ancianos, niños, jóvenes, enfermos, gente con especiales dificultades...)?

Pues bien, de respondernos a todo esto, y de cómo hacerlo, se trata en Pastoral Vocacional.

 

Concretando un poco más

 

VOCACIÓN A LA VIDA

La vocación fundamental del hombre es la vocación a la vida, una vida concebida como semejanza de la vida de Dios. Descubrir a Dios Padre como creador provoca el conocimiento de que la vida es una entrega a la libertad del hombre, llamado a dar respuesta personalísima y original, responsable y llena de gratitud. Dios me ha llamado de la nada. Entre los miles de millones de seres posibles, Él me ha elegido y me ha llamado a mí.

Mi vida está constituida por esa llamada. Mi vida continúa porque Él continúa llamándome impidiendo que vuelva a caer en el silencio de la nada del que fui sacado. Mi existencia es fruto del amor creador de Dios, de su palabra creadora. Vengo a la vida porque soy amado, pensado y querido por una Voluntad que nos ha preferido a la no-existencia, que nos ha amado antes de que fuésemos.

UNA VOZ QUE ME LLAMA

Mi vida es una Voz que me llama, la Voz potente de Aquél a quien se debe todo lo que existe; mi vida es una respuesta obligatoria a esa Voz que me está llamando. En la existencia de algunos hombres la llamada de Dios se ha dejado realmente sentir con la inmediatez concreta de una voz humana, suscitando la sorpresa o el sobresalto que experimentamos cuando nos sentirnos llamar de improviso por nuestro nombre. Esto es, pues, lo que anima la concepción cristiana de la vida: que la vida es vocación, que la vida es llamada. Y el sentido de las cosas y de las circunstancias consiste en que son como palabras en las que se articula el sonido de esa voz inefable.

FIARSE

La vocación es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida del hombre, misterio de predilección y gratuidad absoluta.

De hecho, existe una criatura en la que el diálogo entre la libertad de Dios y la libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional. Una criatura que nos ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional, el que debería cumplirse en cada uno de nosotros. María es la imagen de la elección divina de toda criatura, elección que va más allá de lo que la criatura puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa: fiarse.

Ella es modelo de la libertad humana en la respuesta a esta elección. Libre para pronunciar su sí, libre para encaminarse por la larga peregrinación de la fe.
La vida entendida como vocación es, por ello, la única concepción que hay de la vida como algo vivo. Fuera del amor no hay vida humana. Cualquier otra concepción de la vida reduce ésta a algo mecánico, rutinario. Desde esta llamada, la vida se convierte, por el contrario, en una gran aventura.
La conciencia de que la vida es un don no debería suscitar solamente una actitud de agradecimiento, sino que debería sugerir la primera gran respuesta a la cuestión fundamental sobre el sentido: la vida es la obra maestra del amor creador de Dios y es en sí misma una llamada a amar.

UN LUGAR: CRISTO

Gracias a este amor que lo ha creado nadie puede considerarse superfluo, porque es llamado a responder según un designio de Dios pensado exclusivamente para él. Y por tanto, el hombre será feliz y plenamente realizado estando en su lugar, aceptando la propuesta del amor de Dios.
Este "lugar" es uno solo: Cristo, al que debe pertenecer el hombre si no quiere faltar irremediablemente a su vocación de hombre. Participar de la vida de Cristo constituye el contenido esencial de toda vocación humana. La vocación de todo hombre y mujer se realiza en referencia a Jesucristo.

Estamos llamados a vivir y ser en Cristo.

El hombre es vocación a Cristo, por lo mismo, vocación a la Iglesia, conjunto de los que forman el Cristo actual. Si, pues, todo ser humano tiene su propia vocación desde el momento de su nacimiento, existen en la Iglesia y en el mundo diversas vocaciones que manifiestan la imagen divina impresa en el hombre.

"La Iglesia particular es como un jardín florido, con gran variedad de dones y carismas, funciones y ministerios. De aquí la importancia del testimonio de la comunión entre ellos, abandonando todo espíritu de competencia".

Conoce cada una de las distintas vocaciones eclesiales

 

EL MATRIMONIO SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS

Dios es amor y se siente impulsado a dar el ser, la vida, a otros seres a quienes amar y por quienes ser amado. Dios crea así al ser humano, a su imagen y semejanza. La pareja humana es la imagen de Dios. El amor humano es la imagen y semejanza del amor de Dios. Por eso el ser humano lleva marcado hasta en su cuerpo, por el sexo, por su condición de ser para otro, de estar creado para el amor. El hombre es para la mujer; en su cuerpo lo lleva. La mujer es para el hombre. El hombre no puede encontrar en sí mismo el principio de su realización de su plenitud. Cuando se da, cuando ama, cuando "es para", entonces lo consigue. Tanto más plenamente será él cuanto más total sea su donación.

El hombre o mujer consagrados viven en otra dimensión su "ser para". En una dimensión de universalidad: es para todos especialmente para los más desasistidos; es para Dios. Esta dimensión del consagrado recuerda a los esposos dos cosas:
1. Que su amor conyugal es "efímero". Es decir, un día la muerte los separará. Que en definitiva están hechos para Dios. Que no pueden adorarse uno a otro. Que aman a Dios en el otro y construyen así lo eterno con lo temporal.
2. Que su amor conyugal, aunque es exclusivo, debe significar apertura: "en ti amo yo a todos" y no encerrarse en un egoísmo a dos.

Desde el principio el amor de pareja fue un signo del amor de Dios a los hombres. Era una realidad de la creación que hablaba de Dios. Por todo el Antiguo Testamento vemos como los profetas se sirven de esta realidad natural para hacernos entender que es un Dios que nos ama.
En la plenitud de los tiempos (cuando nos lo habló todo por Jesucristo) quiso que el amor conyugal fuera un sacramento, un lugar de encuentro, una presencia suya, por el consentimiento, si los esposos se dejan transformar. El amor de Dios, por el Espíritu, "habita y transfigura" el amor de los esposos y toda su realidad.

EL MATRIMONIO COMO VOCACIÓN

Hemos restringido excesivamente en su uso el término vocación. Cuando se dice de alguien que tiene vocación, entendemos será religiosa, religioso o sacerdote.
Pero hay que recuperar su sentido universal. Tener vocación significa estar llamado a algo. Por el bautismo los cristianos somos llamados a ser hijos de Dios, a vivir la vida de Dios que se nos da gratuitamente. Esta llamada se nos da en la llamada de Jesús a seguirle para que encontremos en Él la plenitud y la dicha.
Llamados a vivir, llamados a ser nosotros mismos, llamados a hacer de nuestra vida un don en Jesús, descubrimos un horizonte lleno de luz, capaz de saciar la búsqueda de sentido de cualquier criatura.

Esta llamada universal a todos se concreta en dos grandes llamadas, dos modos de ser cristiano en seguimiento de Jesús, dos grandes vocaciones en las que se resume la vida cristiana:
- La consagración a Dios en el sacerdocio o en cualquiera de tantas formas de vida consagrada.
- El matrimonio vocación específica. El matrimonio, opción vital que pone en juego toda la vida, en una ofrenda para siempre, sacramento que hace presente el amor y la ternura de Dios.

Así la vocación matrimonial es una llamada de Dios en la que podemos distinguir las siguientes notas:
1. Llamada a vivir la santidad. Cada miembro de la pareja debe dejar que su yo muera para que surja el "nosotros" en el que su yo particular alcanza su plenitud. El camino en el amor lleva a cada uno a dejar de lado egoísmos, caprichos, perezas y a saber ceder, a poner en juego su generosidad lo mejor de sí mismo. Es una llamada a "más", al don total, a la ofrenda sin reservas, a la radicalidad del amor.
2. Llamada a ver en el otro un don que Dios te hace, en el que Dios mismo se te da. Es un don que se confía a tus cuidados, a tu amor, a tu verdad, para que lo recrees, para que lo hagas caminar hacia su plenitud.
3. Llamada a ser uno y hacer presente así a nuestro Dios que es comunión de amor, uno en la Trinidad. A ser uno sin dejar de ser cada uno el que es.
4. Llamados a vivir, a hacer real un acontecimiento: la alianza de Dios con los hombres. Debéis llegar, desde el por ti, a amaros de tal manera que quienes os vean puedan comprender el amor personal de Dios por cada ser humano.

 

SACERDOCIO

El sacerdote, antes que nada, es una persona elegida por Cristo para que su acción salvadora llegue a todos. Por tanto el sacerdocio es un don de Jesucristo a toda la Iglesia. Jesús mismo es quien llama desde las circunstancias ordinarias de la vida, sin buscar cualidades extraordinarias, así lo vemos en el Evangelio:

"No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido a vosotros"

Hoy, como entonces, como siempre, Dios también llama a hombres en su vida concreta, en sus circunstancias actuales y les hace la misma invitación que a los discípulos: "venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Hoy, como entonces, como siempre, hay hombres que responden libremente a la llamada de Dios y dejándolo todo le siguen y consagran su vida a ser "pescadores de hombres", esto es, a llevar el evangelio de Cristo y el amor de Dios a todos los hombres en cualquier situación y en cualquier lugar. La llamada de Cristo hace que, más allá de las debilidades y pecados del sacerdote, éste pueda cumplir con su misión en medio de la Iglesia.

UNA LLAMADA AL SERVICIO

De entre los discípulos Jesús escoge a doce, a los que llamó apóstoles (enviados) para dos cosas: para estar con él y para enviarlos a predicar. Estos dos aspectos nos dicen mucho de lo que es ser sacerdote:

- Para estar con Él: No pueden predicar sino están con Él, porque la predicación no es una teoría sobre algo, sino predicar al propio Cristo, palabra de Dios para siempre. Por eso el sacerdote debe estar muy unido a Cristo, es imprescindible para su tarea. Por tanto, para el sacerdote es imprescindible la oración, es su primera obligación, el sacerdote necesita contemplar a Cristo, meditar su palabra, renovar cada día la llamada que le hace ser sacerdote en todo momento y circunstancia.

- Para enviarlos a predicar. El sacerdote es un hombre consagrado, dedicado por entero a predicar, a llevar a Jesucristo a los demás. Toda su vida está para esto. Por eso la vocación al sacerdocio exige una respuesta libre y total de la persona, no puede ser de otra manera, la vida del sacerdote queda "expropiada", dedicada por entero a la tarea de predicar. Jesús realiza su misión con obras y palabras, anuncia el Evangelio y lo realiza, por eso da a sus apóstoles "poder para expulsar demonios" es decir para expulsar todo aquello que aleja a la persona de Dios. Jesús predica y está al lado de los enfermos, de los que sufren, de los desesperanzados, a los apóstoles les pide y les da poder para lo mismo. Hoy en la Iglesia los sucesores de los apóstoles, los que tienen este tarea son los obispos, y los sacerdotes son sus colaboradores necesarios en esta tarea confiada por el mismo Cristo.

EN MEDIO DE LA IGLESIA

El sacerdote realiza la misión que Jesucristo le confía en medio de la comunidad cristiana con tres funciones íntimamente relacionadas entre sí. Se puede decir que son tres aspectos inseparables de la única misión del sacerdote.

- El sacerdote ministro de la Palabra de Dios. Debe anunciar y explicar la Palabra de Dios a todos, para que cada persona pueda acercarse al Dios de Jesucristo, para que cada persona pueda sentirse amada por Dios y llamada a vivir como Hijo de Dios siguiendo a Jesucristo. Por eso la necesidad fundamental de que el sacerdote rece y tenga gran familiaridad con la Palabra de Dios. El sacerdote es el primer "creyente" en la palabra y así tiene plena conciencia de que las palabras de su ministerio no son "suyas" sino de Aquél que lo ha enviado. El sacerdote nunca es el dueño de la Palabra de Dios, es su servidor. No es el único poseedor de esta Palabra. es deudor ante el Pueblo de Dios, de una Palabra que él también ha recibido en y a través de la Iglesia. Por eso para poder evangelizar, el sacerdote, como toda la Iglesia, debe crecer en la conciencia de su permanente necesidad de ser evangelizado.

- El sacerdote ministro de los sacramentos. En la celebración de los sacramentos, el sacerdote, presidente de esta celebración, renueva las palabras y gestos de Cristo para comunicar la salvación a los hombres. En la celebración de los sacramentos el sacerdote actúa "en la persona de Cristo" porque por la presencia del Espíritu es ministro de Cristo, cabeza de la Iglesia. Para el sacerdote, como para toda la Iglesia, la Eucaristía ocupa un lugar central en su vida, porque en ella se contiene Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo.

- El sacerdote guía de la comunidad cristiana. El sacerdote está llamado a revivir la autoridad y el servicio de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia animando y guiando a la comunidad cristiana. Esta misión incluye la atención particular a cada persona y también a las diversas vocaciones que se dan en la Iglesia. El sacerdote está llamado a entregarse por amor al servicio de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, como hizo el mismo Jesucristo. El sacerdote es parte de la Iglesia, pero también está puesto al frente de la Iglesia, para animar y llevar a toda la Iglesia a Cristo, para que cumpla su misión de ser signo y presencia de Cristo en medio de nuestro mundo. El sacerdote debe también, como parte de su tarea, rezar por todos, poner delante de Dios a las personas que le han sido confiados con sus circunstancias y necesidades.

El sacerdote dedica toda su vida a esto, por eso renuncia a muchas cosas, trabajo, familia... cosas buenas en sí mismas pero a las que el sacerdote renuncia para poder estar con Cristo y predicar el evangelio, para cumplir su misión en medio de la Iglesia y del mundo. El sacerdote confía siempre en la promesa de Cristo:

"Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20) y dedica toda su existencia a ser signo vivo de esta presencia.

 

PROFETAS DE NUESTRO TIEMPO

Puede parecer paradójico, e incluso extraño, que en un mundo donde muy a menudo se manifiesta el poder del mal, donde hay tantas injusticias, odios y guerras, se levante la voz profética de unos hombres y mujeres en medio del desierto de nuestras sociedades, y proclamen un mensaje de esperanza y liberación.... A esto están llamados los religiosos y religiosas del nuevo milenio, como lo estuvieron quienes a ellos los precedieron. Ellos son quienes han aceptado el reto de ser testigos de la belleza de un Dios que es Padre, y que ama a cada ser humano.

Son los testigos de la esperanza, que anuncian a los hombres de hoy el Evangelio con optimismo, porque no puede ser de otro modo. El verdadero testigo del Señor Resucitado, es el que transparenta una alegría que nadie le puede arrebatar. Es la alegría profunda y verdadera del cristiano que, aún en medio de las dificultades y sufrimientos, sabe descubrir el rostro amable de Dios.

Los religiosos/as, quieren conformarse con Cristo que vivió casto, pobre y obediente, de ahí que los votos que ellos pronuncian, no tienen otro fin que reproducir ese género de vida que llevó el Señor a lo largo de su vida en este mundo. Es así como ellos acompañan y enseñan a los hombres y mujeres de nuestro tiempo el Camino, que es Cristo, animándoles a mirar siempre adelante, a lo que está por venir, fieles al Evangelio y al espíritu de sus fundadores y fundadoras, que han sabido escuchar la voz del Espíritu y seguir la voluntad del Padre. En definitiva, se trata de seres tan humanos como el resto, que luchan decididamente por ser cada vez más cristianos, seres gratuitos y libres, disponibles para la misión.

LA VIDA DE LOS RELIGIOSOS

Consiste en una vida inspirada y plasmada en la vida de Jesús, de su existencia humana. Jesús fue un hombre como nosotros, excepto en el pecado: el Verbo, que se hizo carne, vino a enseñarnos cómo se ha de vivir en este mundo para llegar a la salvación, a la felicidad plena y absoluta. Los Evangelios dan testimonio de ello, y nos narran que la existencia de Jesús fue, toda ella, según la voluntad de Dios, y por tanto fue una existencia que es para nosotros norma ante la cuál no hay alternativa.
El religioso/a sigue a Cristo casto, pobre y obediente, porque ha descubierto en Él una vida buena, bella y feliz.

- Vida buena. Buena porque es obediente al amor, y por eso capaz de mostrar humildad, mansedumbre, misericordia, caridad hacia los hermanos, el prójimo, los otros, los últimos y los pobres.

- Vida bella. Vivir pobremente, no equivale a estar privado de acoger la belleza de las criaturas, de los hombres, de los acontecimientos cotidianos. Jesús no vivió aislado, sino que vivió una profunda y bella comunión con los hermanos. Él tuvo amigos, amigos verdaderos y muy queridos. Tuvo tiempo para contemplar el atardecer, fue un hombre capaz de percibir de manera sinfónica su propia historia, junto con la de los demás. De la mismo manera, los religiosos/as, tanto los que viven en sus conventos de clausura ofreciéndose e intercediendo por el mundo, como aquellos que a través de las obras de apostolado hacen presente a Cristo en medio del mundo, se abren a la Vida, admirando, lo bueno y la bello que ella encierra.

- Vida feliz. Sólo quien conoce un motivo por el que valga la pena dar la vida, conoce también una razón por la que valga la pena vivir. Y Jesús tuvo este motivo y esta razón: varias veces afirmó querer dar la vida por los hermanos, los otros, los hombres; y esto daba sentido a su vida, haciendo de ella una misión. La felicidad, se da, solamente, cuando se ha probado el sentido de la vida; si Jesús pude ir al encuentro de la muerte libremente y por amor, es justamente porque sabía que ese camino tenía sentido.
Subiendo a la Cruz, lo hizo en libertad y por amor. Así ha hecho que la Cruz tenga significado, la ha llenado de sentido para nosotros.

Éste es el proyecto de todo religioso y religiosa, ser testigo de Jesús que murió en la Cruz por nosotros, y que resucitó, salvándonos del pecado, para darnos la verdadera libertad.
La vida de Jesús, es entonces el D.N.I. de los religiosos.

 

LAICOS QUE SIGUEN A JESÚS DESDE LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS

Los Institutos Seculares son una de las últimas formas de Vida Consagrada suscitadas en la Iglesia por la fuerza del Espíritu Santo, para corresponder a las necesidades que la Iglesia encuentra hoy al realizar su misión. Fueron aprobados por Pío XII en la constitución apostólica "Próvida Mater Ecclesia" el dos de febrero del año 1947 y han nacido y se han desarrollado inspirados por el anhelo profundo de una síntesis entre estos dos polos:
- La plena consagración de la vida según los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia).
- La plena responsabilidad de una presencia y de una acción transformadora desde dentro del mundo para perfeccionarlo y santificarlo.

En esta síntesis de Secularidad y Consagración, ninguno de los dos aspectos debe ser infravalorado.
- Secular: inserción en el mundo como lugar propio de responsabilidad cristiana.
- Consagración: Llamados a vivir la consagración bautismal con radicalidad, como consecuencia de una abundancia de Amor.

Sus miembros son seglares, que viven en el mundo comprometidos con las realidades temporales, colaborando en la construcción del Reino, viviendo su consagración bautismal, siguiendo a Cristo en la vivencia de los consejos evangélicos. La vivencia de los consejos evangélicos en medio del mundo constituye un modo de vida que habla por sí sólo, manifiesta una nueva forma de vivir el gozo y la radicalidad del evangelio.

- Su castidad dice al mundo: que se puede amar con el desinterés y perennidad que brotan del corazón de Dios, y que es posible dedicarse a todos sin atarse a nadie, preocupados ante todo por los más abandonados.
- Su pobreza dice al mundo: que se puede vivir entre los bienes temporales y que se pueden utilizar los medios de la civilización y del progreso, sin hacerse esclavo de ninguno de ellos.
- Su obediencia dice al mundo: que se puede ser feliz sin encerrarse en una cómoda elección personal, permaneciendo enteramente disponible a la voluntad de Dios.

COMO FERMENTO EN LA MASA

Los miembros de los Institutos Seculares son laicos consagrados. Laicos que no piden ningún privilegio, ni civil ni eclesiástico, que los separe de los otros fieles, pero que asumen todos los compromisos espirituales de una vida dedicada a Dios. Su servicio en la Iglesia consiste en vivir plenamente el Evangelio dentro del mundo, para transformarlo con la fuerza de las Bienaventuranzas. Por eso en cualquier parte se puede encontrar a un miembro de un Instituto Secular y ejercen todas las profesiones, En esta "normalidad" quieren ser auténticos seguidores y testigos de Jesucristo, quieren sentir y hacer sentir de verdad, que Dios ha hecho el mundo y "anda" en medio de él.

Los Institutos Seculares testimonian que la posibilidad de ponerse detrás de Jesús está abierta a todos, nadie tiene la exclusiva. Desde el día a día, desde lo cotidiano, como don y como gracia, se experimenta la liberación, se experimenta la presencia del Señor a nuestro lado y la fuerza del Espíritu actuando constantemente en la historia. Nada ni nadie está excluido de la "Buena Noticia" de la experiencia y del conocimiento del verdadero rostro de Dios.

La gran novedad que aportan los Institutos Seculares es su "estructura". Una estructura que implica una gran agilidad, movilidad y flexibilidad, para que cada persona pueda responder a la exigencia que comporta su condición de seglar, pero a la vez es una estructura que anima constantemente la comunión de vida a través del propio carisma, por el cual todos los miembros viven un propio ideal, trabajan por los mismos objetivos y disciernen los lugares concretos de compromiso laborales-apostólicos.

 

Y ya sabes... ¡estamos a tu disposición en todo momento!

 

 

 

 
 

 


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